Blog de José Peñín

Hace unas semanas participé en Salamanca en un foro sobre el enoturismo, y lo primero que dije es que el enoturismo no existe, solo existe el turismo y punto. Esta sentencia no es de mi coleto, sino de mi admirado y buen amigo Paul Wagner, curtido consultor de marketing y comunicación, residente en Napa Valley y, con una vasta experiencia en el asunto en el modelo californiano.

A la Denominación de Origen Protegida Sierra de Salamanca le viene bien el término “protegida”. No creo que se deba tanto a una cuestión burocrática de normativas y reglamentos como al propio bosque que abriga a su viñedo. También la resguardan los temibles riscos y precipicios que impiden las incursiones de los grandes negociantes del vino. El vino aquí no es negocio, es una manera de vivir, es amor, mística del paisaje, sostenibilidad y, sobre todo, reto. Al viñedo de estas tierras lo abriga la Naturaleza.