Ánima Negra: EL ALMA DE LA TIERRA

Ánima Negra: EL ALMA DE LA TIERRA

Entre el frenesí mallorquín de playas con cuerpos al sol y el lujo de mansiones de Valldemossa, se halla un espacio de silencio campesino que nos traslada a la Mallorca del Diecinueve de George Sand y Chopin. Es el paisaje de la viña de Miquel Angel Cerdá y Pere Obrador, dueños y señores de Ánima Negra.

 

Cerca de Felanitx, un caserón rural apenas nos deja ver la anchura de una marca consolidada: Ánima Negra. Es el nombre de una bodega que mantiene un idilio permanente con el paisaje y con las formas antiguas de hacer vino. Ya el pensamiento que se lee en su web: “la viticultura natural es una prioridad”, nos conduce a la filosofía de que el vino se “hace” en la viña,  desde que en 1994, Miquel Ángel y su anterior socio, Francesc Grimald, transformaran una humilde casa de labranza en una humilde bodega. Nada se tocó, nada se transformó, simplemente, añadir el talento humano para sacar lo mejor de unos viejos viñedos de desconocidas variedades autóctonas. Miquel y Francesc se separaron cada uno por su lado, pero el paraje sigue ahí y los bebedores salieron ganando con dos bodegas con sus respectivos vinos pero con la misma filosofía.

Hoy Cerdá y Obrador son dos viticultores inmersos en el paraje mallorquín, donde el viñedo de porte silvestre se extiende en medio de un paisaje típicamente mediterráneo entre los árboles frutales y matorral. Sus suelos son de constitución arcillosa sobre tosca calcárea. Las raíces de la vieja cepa callet y la antiguamente denostada fogoneu se esparcen a sus anchas, conectando con la geología y con los microorganismos que dan vida al subterráneo. De aquel primer encuentro hace veinte años, conocí la callet, una cepa que, entonces, me parecía algo herbácea, con taninos muy vegetales, quizá por no alcanzar la total maduración de la piel de sus uvas, pero sobresaliendo un recuerdo de frutos rojos de zarzal que me encantaba. Fue la primera vez que una bodega mallorquina lanzaba esta variedad desconocida más allá de la manto negro, la casta hegemónica en Mallorca.

Después de veinte años, tuve oportunidad de visitarla hace unos meses. Allí seguía Miquel, con su retrato de rockero sin guitarra arremangado entre barricas. Durante bastante tiempo, el silencio del paraje se le contagió sin ponernos al día de su nuevo emparejamiento societario con Pere. “No, no es verdad, lo que ocurre es que nos proyectamos al comercio exterior. No olvides que Mallorca es una encrucijada de turismo extranjero y para nosotros es más fácil  comunicarnos con distintos países. Quizá debimos preocuparnos algo más del mercado interior. Algo en lo que ahora estamos poniendo todo el acento”.  Afortunadamente, para el viajero todo sigue casi igual, anteponiendo la manualidad y en complicidad con la Naturaleza. Me dijo que en Ánima Negra tenían que lidiar con una tierra desequilibrada, dañada por la agricultura “fácil” que practicaban los antiguos “químicos”, como antes se llamaba a los bodegueros que estudiaban en Requena. En Ánima Negra ponen todo el desvelo en la viticultura subterránea desde la doctrina ecológica y biodinámica: “La mayoría de los bodegueros –señala Miquel Ángel- miran de la tierra para arriba, pero de la tierra para abajo nadie sabe nada. Más de la mitad del funcionamiento de la planta está debajo del suelo. Cuando tienes una tierra completamente equilibrada, la planta deja de tener muchas enfermedades, carencias… El objetivo es equilibrar la cepa y ayudarla a prevenir ataques y la labor es doble: por un lado, trabajar con microorganismos para “darle vida al suelo” y, por otro, los biofertilizantes”.

La tecnología no está reñida con el perfil de agricultor de estos dos mallorquines: “Se hace la selección de racimos en una una mesa normal. A continuación,  se hace otra selección con un aparato de óptica de vendimia. Nosotros marcamos los parámetros de la uva: diámetro, color, etc… Este sistema, que se llama Delta R2 Vistalys, es una forma mucho más precisa de selección de grano”. Trabajan con distintas variedades autóctonas, incluso alguna inédita, como la escursac: “Hay muy poca, pero ahora se va recuperando poco a poco. Es de producción moderada y con vigor,  racimo mediano y suelto. Tiene un color azul-negro intenso, de elevada graduación, buena acidez y aroma”. Parece ser que el Govern balear ha mostrado interés en incluirla como variedad de calidad.

En cuanto al vino, tuve la oportunidad de probar el Ánima Negra 2, cosecha 2014 con ocho meses en barrica de varios usos, elaborado con las variedades autóctonas como manto negro, fogoneu y callet y un 15% de syrah. El equilibrio con el roble era mucho mayor que otro de la cosecha 2013, con dieciocho meses en barrica y guardado en depósito para fundir la madera de roble americano con el vino. También probé el Ánima Negra 2006 puro Callet. Desde 2006 hasta finales de 2007 en barrica y siete años en botella. Color intensidad media-oscura. Aroma elegante, muy fino, con terruño, con hierba salvaje y también notas de fina reducción de vainilla, cuero y tabaco. Roble muy integrado de forma que no se nota. Se percibe más la parte especiada, fundida con el matiz reductor del tiempo en botella. Taninos muy suaves, agradables, pero con mucha fuerza. Vino con una plenitud capaz de aguantar todavía unos años más.

No solo hay vida debajo de la viña sino también arriba. Los pájaros hacen su agosto picoteando las bayas de los racimos. Para impedirlo, cada racimo se rodea de una malla después de que los disparos temporizados, espantapájaros, los ultrasonidos y la simulación por casette del aleteo del temido halcón, no hayan servido para nada. Demasiada Naturaleza, diríamos.

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