Javier Pérez de Andrés: EL PREGONERO DE CASTILLA

Javier Pérez de Andrés: EL PREGONERO DE CASTILLA

Javier Pérez de Andrés (1956) es un tipo de andar y hablar resuelto, de enérgica complexión, de voz microfónica, asido a una barba tan espesa que me impide imaginar su rostro real.  Es el periodista que más al cabo de la calle está de la vida y milagros de lo agroalimentario de Castilla y León, de sus rutas, de sus artesanos, de sus mesones y mesoneros, de sus bodegas y bodegueros… Su vena periodística le sale del alma para añadir a su mochila a personajes, poetas, clérigos, escritores y hombres del campo que tengan en común el credo de la tierra que les ha visto nacer. Tiene el don de extraer todo lo humano que cada entrevistado posee, incluso algunos valores que el propio protagonista desconoce, anteponiéndolo a sus logros profesionales. Es una paloma libre que vuela por todos los rincones, los abiertos y los resguardados de su amado territorio castellanoleonés. Él pasea con ellos micro en mano o con su cuaderno de bitácora, como él dice.  Si se inclinara por la política, con sólo la mitad de lo que él sabe y conoce de la tierra, le valdría para ser un auténtico líder en Castilla y León.

No tiene tiempo para encerrarse en el despacho y escribir probablemente el tratado más fastuoso del mundo de esta Comunidad Autónoma. Un día le propuse que fuera autor de un libro que contara la historia de Vega Sicilia. “Lo siento Pepe, hazlo tú y yo te ayudo como documentalista”, y así fue.  A él le gusta ver, hablar, compartir, indagar, describir… Se le conoce mucho en Castilla y León, pero es posible que todos sus paisanos, todos sus lectores, sus admiradores, todavía no hayan medido la verdadera importancia que tiene el personaje en relación con lo que sabe, conoce y difunde. Como es tradicional en este país, la Historia lo citará en su ausencia pero menos en su presencia.

 

P: ¿En qué periodo empiezas a escribir?

R: Yo empiezo en la “añada” del 87 en El Diario de Castilla y León. Fui el primer periodista que se especializó en materia agroalimentaria. Hasta entonces, el periodismo agrario era lo que se estilaba. Tenemos ejemplos como Vidal Mate, Raúl Mendoza o César Lumbreras, que aún perduran, pero no en la especialidad de agroalimentación. La agroalimentación es un fenómeno que surge en ese momento. Aparecen las denominaciones de origen en Castilla y León y ahí salgo yo. En un principio, el vino me hizo recorrer la comunidad autónoma. Mi inclinación se dirigía a conocer todas las bodegas. Mi alma viajera me condujo también a todas las queserías, todas las industrias cárnicas, todas las casas rurales y todos los restaurantes que me encontraba en el camino. Más tarde, comencé en El Norte de Castilla la primera información de vinos del periódico. A partir de ahí, comencé a hablar también de gastronomía ligada a la agroalimentación. Me intereso no solo por las D.O. de los vinos, sino también por los demás productos alimentarios.

 

-P.- Pero no solo escribías sino también colaborabas….

R.-Efectivamente, en el ejercicio profesional como periodista que informa de lo que estaba pasando, me ofrecí a colaborar, participar, incentivar, estipular, ayudar y ponerme a disposición del sector. En algunos casos, llegué a hacer estudios históricos  de la cecina de León, de la mantecada de Astorga, del queso de Valdeón… de infinidad de productos. Además, instaba, a través de la información, para que las Denominaciones siguieran adelante y se pusieran en marcha. A continuación del periódico, empecé en la radio. He pasado por todas las emisoras, colaborando en Radio Nacional, la Cope, Onda Cero y, a partir del año 94 me instalé en esta última, donde puse en marcha todos los sábados el programa La Alacena. Más tarde pasé a Radio Intereconomía, de ahí a Punto Radio y de ahí a Es Radio. Ininterrumpidamente desde hace veintitantos años estoy todos los sábados en antena, con programas que han ido cambiando de La Alacena a La Palestra, de La Palestra a El Picaporte, que es el actual.

 

P: ¿No te dispersas demasiado?¿Qué es lo que te queda por conocer de Castilla y León?

R.- (risas) Todo eso surge. Llega un momento en que se me va agolpando en mi cuaderno algo impresionante: descubro el potencial etnográfico y antropológico de Castilla y León, es decir, tradiciones, folclore y ritos. Me deslumbra el potencial arquitectónico de esta Comunidad: arquitectura popular y todas las versiones románica, gótica, monasterios, etc. Exploro la riqueza paisajística de esta tierra gracias a los miles de kilómetros recorridos en las 50 comarcas de las 9 provincias. Y también había un compromiso profesional en mi tarjeta de presentación: yo era un periodista especializado en agroalimentación y turismo de Castilla y León y siempre he querido ser respetuoso con ese enunciado. Es decir, un periodista deportivo no puede conocer sólo lo que pasa en la Primera División sin saber cómo funciona la tercera regional; no está al tanto sólo de fútbol, sino que también sabe de balonmano, de atletismo y de más cosas. Por eso, yo estaba obligado a formarme, a documentarme.

 

P.-¿Cuál es tu agenda semanal?

R.-Ahora estoy contigo, mañana me voy a Zamora, luego estaré con unos peregrinos, después voy al 25 aniversario de un restaurante, también iré a ver un proyecto de aquicultura; de allí, me marcho a Burgos, a la casa de Delibes, hablo del desfiladero del Ebro, el cañón, los dólmenes, 5000 años antes de Cristo – los monumentos funerarios en toda la Bureba, luego iré a ver a una chica que tiene un restaurante, otra que tiene carne de potro, y me vuelvo a León. Estaré en la montaña de León, en Valporquero, Vegacervera y vuelvo el jueves… Eso todas las semanas. Y el viernes radio y el sábado tengo alguna movida. Todo eso hoy la gente lo sabe por el Twitter y por Facebook. Soy periodista con un mínimo de sensibilidad periodística. Nunca me ha gustado ser escritor, ni gastrónomo, ni crítico. Siempre me he negado. Yo decidí ser periodista y, por encima de todo, un periodista de Castilla y León, eso sí, especializado en agroalimentación y turismo.

 

P.-¿Qué tiene Castilla y León que no tengan los demás territorios?

R.- En el momento en que empiezas a ver tantas cosas de primera mano, descubres que esta región no tiene nada que ver con la llanura infinita que dibujaron los escritores del 98. Castilla y León es como una gran olla que contiene Navacerrada, Guadarrama, Sierra La Culebra, Montes de León, Picos de Europa, Sierra de Urbión, el Macizo de Gredos y un montón de montañas más y, en medio, un gran río que la atraviesa. Como consecuencia de esas montañas, de esas cumbres, de esos deshielos, hay un gran río abajo, afluentes, vegas, prados… ¿Y eso a qué da lugar? A la región de mayor biodiversidad de Europa. ¿Por qué somos líderes en materia de micoturismo: de transformación de setas y de variedad de hongos en toda la región? A consecuencia de la orografía que tenemos. Esta región tiene la mayor masa forestal de Europa. La región llana tiene la mayor masa forestal en encinares, en pinares, en abedulares, en hayedos, en todo lo que puedas imaginar.

 

P.- ¿Tanto abarcar para poco apretar….?

R.- No es mi intención ser un erudito, sino contar lo que veo. Todo esto unido a la historia: en esta región se gesta el descubrimiento de América, el gran acontecimiento de la humanidad de los últimos 15 siglos. En esta región, se gesta parte de la historia de Europa, de América y de España. En esta región se concentra el 53% de todos los bienes de interés cultural. En sus 9 provincias y 50 comarcas, se aglutina el patrimonio monumental más importante del Estado Español y de las regiones de Europa. Con todo eso, unido a 50 cocinas diferentes de 50 comarcas, a 50 folclores diferentes, a sitios donde suena la dulzaina, en otros la gaita, en otros el pito y en otros el tamboril. En un territorio donde las tradiciones se pierden en la noche de los tiempos, donde está la última reserva de las mascaradas de invierno en el noroeste de Zamora, con Alija del Infantado, las manifestaciones paganas de antes de los romanos, en los carnavales con el solsticio y los equinoccios…, fiestas que se pierden en la noche de los tiempos. En una región donde queda la avutarda, el lobo que impera, por fortuna. Te  quedarías alucinado de historias que me he encontrado de todo tipo. Hace cuatro días, he estado con los últimos carreteros que quedan en las montañas de Burgos, subiendo con las yuntas de una raza serrana que ya ha desaparecido y que se mantiene gracias a que unas personas quieren recrear la historia subiendo con las vacas a punzar los árboles. Es como si tuviera la oportunidad de ver a alguien haciendo una capilla románica seis siglos después. Con todo eso, a una persona con un mínimo de sensibilidad, necesariamente concluye que está viviendo, trabajando, contando, analizando y titulando uno de los escenarios más interesantes que se le pueden poner a un periodista delante de la cara. Eso es lo  que genera mi pasión por la región.

 

P.- Por lo tanto, haces un periodismo de investigación muy a lo anglosajón

R: “Las reglas del periodismo: dónde, cómo, qué, cuándo… las convierto en el quién, dónde y qué. Para mí, lo más importante es la persona. Yo nunca escribo sobre una foto sin personas. Nunca hablo de un restaurante con una foto del comedor. Todos mis artículos comienzan con la persona. Toda mi información de radio y televisión, con la persona. La persona es clave, es el quién. Luego, la geografía: el dónde está, dónde vive, qué entorno cultural le rodea. E inmediatamente después, el contenido, el qué, que es lo que hace”.

Cuando J.P. de A. hace una foto es casi un selfie donde aparece su figura como si quisiera relajar al entrevistado con el brazo encima de su hombro o como testimonio de que ha estado allí y no desde un despacho, Google por medio. Aunque destila un cierto buenismo en sus entrevistas, cuando le cuentan algo sin verlo, solo se fía en un 50 por ciento. El resto lo remata con un viaje a ese confín. Su coche con cientos de miles de kilómetros es su rocinante que se pone en marcha tan pronto abre su puerta.

 

P.- ¿Cuándo lo cambias? (El  coche)

R.- No tengo tiempo.

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