DE CAMPO DE BORJA AL MUNDO

DE CAMPO DE BORJA AL MUNDO

 

Bajo el pomposo subtítulo de “El Imperio de la Garnacha”  la Denominación de Origen Campo de Borja exhibe la mayor extensión de la variedad garnacha tinta. Una cepa que ha sido hegemónica en la zona, no como reconocimiento de sus encantos, sino porque durante muchas décadas en  la D.O. dominaba el cooperativismo basado en volumen, color y grado, valores que destacaban en esta variedad en el comercio a granel.

Sus vinos pagados a precio de saldo para mejora de otros muy alejados de allí, no permitían la costosa reconversión  de su viñedo. Con Calatayud, constituia el territorio más depresivo de Aragón donde arrancar era más caro que cultivar. Afortunadamente, a esta zona no le llegó la maldición de sustituir la garnacha por ese otro  imperio más depredador de  la tempranillo, que se llevó por delante gran parte del viñedo de garnacha de la zona de Cariñena, Rioja Baja y Navarra. Y todo por la vana ilusión de que la variedad riojana mejoraría la calidad de sus vinos por aquella obsesión en los años Setenta y Ochenta de producir vinos de crianza para guarda en todo el país.

He comentado en varias ocasiones que el valor de la garnacha no lo hemos apreciado hasta hace muy poco tiempo. Una cepa que, en este siglo, redescubrimos con gozo.  La garnacha tinta resistió en Campo de Borja, del mismo modo que la garnacha blanca en Terra Alta, otra de las zonas olvidadas de Cataluña y esto fue una bendición. El resultado ha sido el excelente palmarés de 21 vinos en esta D.O. aragonesa con calificación igual o superior a los 90 puntos en la Guía Peñín. Incluso, algunas de sus marcas figuran en las cartas de vinos de los mejores restaurantes de España

 

GRENACHES DU MONDE

Por eso había razones  para que Aragón, cuyos dominios alcanzaban el Rosellón francés en la Baja Edad Media, precisamente donde se cultiva la garnacha, fuera el escenario de una nueva edición de Grenaches du Monde que se celebró en la D.O. Campo de Borja por ser este año patrocinador principal. Un concurso donde participan vinos de garnachas procedentes de España, Francia, Italia, Australia y Sudáfrica.  Es la primera vez que este certamen tiene carácter itinerante, siendo el Monasterio de Veruela, a los pies del Moncayo, donde solventaron  las diferencias de estilos de esta variedad que ya ha obtenido carta de prestigio en los despachos de los compradores de vinos de todo el mundo. Este concurso está organizado por el Consejo Interprofesional de los Vinos del Rosellón francés como un encuentro sensorial entre todas las marcas que, en su composición varietal, predomina la cepa parcial o totalmente. Una idea que, para los catadores participantes, permite ver las diferencias entre las garnachas de todo el mundo. Una variedad sensible como pocas a los cambios de rendimiento y suelos.  En alguna ocasión escribí la riqueza de matices que uno puede encontrar en un potente y concentrado tinto de garnacha del Campo de Borja de suelos pedregosos-calcáreos y pizarrosos frente a la complejidad mineral también concentrada de un priorat, pasando por la rústica y delicada “mineralidad granítica” de un tinto de Gredos y la frutosidad de una garnacha navarra para terminar por la elegancia, sobre todo, de los suelos calizo de Montsant.

 

 

Probé, fuera de concurso, alguna garnacha sudafricana y australiana, donde los mayores rendimientos de sus viñedos transmitían una cierta sensación de vino diluido pero que, en cambio, entraban en boca con más facilidad.  En cuanto a los vinos  que se sirvieron en mi mesa, los mejores fueron los blancos españoles como La Miranda 2013 que fue medalla de oro y los banyuls franceses, como los presentados por Terres des Templiers y Domanie Vial Magneres también premiados con oro. El palmarés se lo llevó de calle España, con 56 medallas de oro, seguido, como es natural, por Francia con 21 y apenas 5 por Italia.

Como todos nuestros lectores sabrán, en los concursos no están todos los que son ya que estos certámenes están para activar la franja media de la oferta de las bodegas. Aquellas marcas que no tienen nada que perder si se les concedieran una medalla de plata o de bronce. No me cansaré de repetir que para lograr que los mejores vinos acudan a estos concursos se debería eliminar los premios secundarios (plata y bronce). Si un gran vino no gana medalla de oro por accidente o por el desafuero del jurado nadie lo sabrá. No así por el procedimiento impuesto por la OIV de citar a los de segunda y tercera división que benefician a los de abajo pero no a los de arriba.

Al final del concurso se celebró la Noche de las Garnachas con degustación de todos los vinos participantes.

Si quereis ver el medalleo: http://www.grenachesdumonde.com/media/palmaresgdm2016.pdf

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