Los grandes de la Toscana

La Fundación para la Cultura del Vino es una asociación sin ánimo de lucro cuyos patrocinadores son bodegas tan prestigiosas como Vega Sicilia, La Rioja Alta S.A., Marqués de Riscal, Muga, Terras Gauda y, naturalmente, el Ministerio de Agricultura.

Entre otras actividades culturales y científicas en torno al vino, de tarde en tarde esta Fundación de élite, nos deleita con unas catas fastuosas bajo el título “El Sabor de los Grandes” en donde han participado renombradas marcas de alcance mundial. En esta ocasión, le ha tocado el turno a las dos bodegas más prestigiosas de la Toscana: Sassicaia y Solaia. La cata tuvo como soberbio escenario el Casino de Madrid el pasado día 24 de noviembre. Traducción simultánea y un espléndido cuaderno con la historia de estas dos firmas míticas fueron los mimbres que se gasta esta Fundación. La historia, escrita magistralmente por Juancho Asenjo, es un dechado de precisión y detalle que debería formar parte de cualquier biblioteca que se precie.

Y lo puedo afirmar, pues conocí ambas firmas cuando tuve ocasión de visitarlas hace 17 años. Sassicaia o Tenuta San Guido fue una bodega que apenas me llamó la atención, pero sí el rostro apacible y afable de su propietario, Nicolo Incisa della Rocchetta. Me recibió un sábado por la tarde rezumando humildad, contándome cómo su padre Mario, en los años Cuarenta, se fue a Burdeos para traerse la suntuosidad de sus variedades para construir el mejor vino bordelés fuera de Burdeos. También me comentó la importancia de sus suelos y su sintonía con la cabernet Sauvignon y la cabernet franc que, a pesar de hallarse en un meridiano mediterráneo, el estilo guarda un cierto soplo atlántico. Se despidió regalándome un espléndido libro que lleva el nombre de la casa.

En aquellos días de mi visita dije de Allegra Antinori que, a sus veintitantos años, era vivaz, enérgica y muy segura de lo que hacía y pensaba, con una admiración reverencial por su padre Piero Antinori. Tuve la ocasión de charlar con ella cuando unas semanas más tarde inauguraba la bodega boutique Tenuta Guado al Tasso, la “prima donna” de la firma. Hoy, en el estrado del Casino y con 17 espléndidos años más, nos narraba los detalles de los solaias que catábamos con la seguridad, destreza y humildad de los grandes.  Antinori conjuga a la perfección la realidad de una producción de millones de botellas con un prestigio de artesano. Edificó un excepcional podio de vinos de alta calidad que ha contagiado incluso al “hermano loco” Ludovico Antinori, que se separó de la familia con otra belleza enológica: Ornelaia. No obstante, entre Antinori y Sassicaia hubo laberínticas relaciones enofamiliares.

Los supertoscanos

En los primeros años de la década de los Ochenta, cuando Ezio Rivella, el gran impulsor de las exportaciones italianas a EE.UU. desde su atalaya de Banfi Witners, inundó el mercado yanqui de lambrusco “al modo americano” y con la locura del winecooler, originó un perjuicio al incipiente mercado de calidad italiano que, tímidamente, comenzaba con su Brunello di Banfi. Además, los restaurantes italianos de los EE. UU ofrecían chiantis de medio pelo, con unas características básicamente ligeras y frutosas, que no encajaban con el paladar americano que ya apuntaba una preferencia por la concentración y madurez. Todo ello al socaire de la histórica cata California-Burdeos que organizó Steven Spurrier en 1976, que puso de relieve el interés del mercado americano por los vinos propios.

Italia, ya desde los años Sesenta con Sassicaia y Antinori, flirteaba con las variedades francesas, lo cual suponía la herejía de reducir al mínimo la participación de las variedades italianas. En 1985, a raíz del éxito de Sassicaia en una cata en Decanter, barriendo a vinos franceses y americanos, el mercado yanqui puso el punto de mira en estos vinos que comprendían mejor por el “sabor bordelés”, un punto mediterráneo como los suyos, bautizándolos como “supertuscans” al no poder definirlos por su Denominazione, ya que no podían llevar el sello de las DO del resto de la región que, por otra parte, a los americanos les importaba un bledo. Insólito: “vinos de távola” o de mesa más caros que el resto de los vinos de la Toscana. La esencia del término nació de la prensa americana sobre un modelo de bomba frutal madura con madera nueva, que Michel Rolland impuso en 1986 en Napa y que Robert Parker extendió por el mundo.

El impacto de los supertoscanos en esa década fue brutal, hasta el punto de que Robert Mondavi tomó una participación en Ornellaia a Ludovico Antinori, después de que el californiano hiciera un joint venture con Frescobaldi. En fin, que todos los grandes apellidos estaban involucrados en los supertoscanos, hasta que llegó su declive en este siglo cuando comienza un mayor protagonismo de los nuevos enólogos, retornando a las variedades autóctonas, escapando del modelo más concentrado y maduro; pero no por ello decayera el prestigio de Sassicaia y Solaia.

Cata vertical Sassicaia y Solaia
95 SASSICAIA 1999

Excelente evolución con el tiempo con un espléndido color rubí teja. La suma de un 85% de cabernet Sauvignon y un 15% de cabernet franc le proporciona solidez, manteniendo aún un ligero aroma “bordelés” que todavía sobresale de la elegante reducción (cacao, cuero) y un poco de sotobosque húmedo. Boca redondo, graso, complejo con un sutil fondo de fruto rojo.

93 SASSICAIA 2004

Con un color cereza con borde teja, el aroma aparece algo más cerrado, con ligero toque a ebanistería fina, cremoso, fruta negra (mayor madurez), con toques especiados (clavo, cedro). Boca con finas notas reductoras a especias en retronasal, seguido de un toque de fruta azul (arándanos) y cedro.

96 SASSICAIA 2008

El mejor de esta serie amparado por una cosecha excelente. Cereza intenso. Con un aroma a cacao, tabaco y un ligerísimo y armonizado toque piracínico del cabernet Sauvignon, cierta frescura con una boca lleno, carnoso, sabroso, complejo, con taninos sedosos pero marcados, excelente concepto de cabernet más atlántico que mediterráneo.

95 SASSICAIA 2013

Cereza con ribete naranja. Aroma elegante, fino, complejo, maduro, mineral. Boca con complejidad mediterránea, pero sin su calidez, algo mineral-terroso sin perder finura.

94 ANTINORI SOLAIA 2001

Cereza teja. Aroma fino con notas de reducción (caja de cedro, cuero). Boca con leves notas dulces, graso, redondo, lleno, algo más mediterráneo.

97 ANTINORI SOLAIA 2007

Para mí fue el más completo de los solaias. No en balde la cosecha fue excelente. Con un color cereza intenso y un aroma complejo, frutal (racimos maduros y cerezas). Boca potente, sabroso, fruta y roble ligeramente tostado muy cremoso (cacao, café), cálido, complejo elegante.

92 ANTINORI SOLAIA 2010

Típico de un año de calor. El color es intenso con un aroma algo evolutivo-compota y ligero fondo piracínico que contrasta con un leve matiz de sobremaduración. Boca cálido, sabroso, potente.

94 ANTINORI SOLAIA 2013

El más fresco y “atlántico” de la serie, a pesar de sus 14º. Con un bonito color cereza intenso con borde granate. El aroma contiene un matiz tostado cremoso muy fino, con una fruta negra de hollejo y finos toques terrosos.

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