S.O.S. Vinos en España

Bajo este título de sobresalto hace unas semanas se celebró una mesa redonda sobre qué hacer para recuperar el consumo de vino en España. En general no suelo acudir a manifestaciones de este género porque sé de lo que se va a hablar después de tantos años con la misma cantinela. En esta fue menos de lo que esperaba si nos atenemos al nombre. La organizó la agencia de comunicación Mateo al que doy un voto de gratitud por la iniciativa por su interés por este asunto, pero allí no hubo nada de eso.

El peso de los patrocinadores con las catas de sus productos ocupó gran parte del horario. Nada que objetar sobre la dimensión profesional de los ponentes, aunque, salvo Susana Garcia, directora de la OIVE y vicesecretaria d la Federación Española del Vino, los demás no eran los más convenientes para tratar el título de la convocatoria. Antonio Flores, promotor sensorial de Gonzalez Byass con su brillante lírica versó sobre las emociones del vino jerezano, Guillermo Cruz que estuvo muy lustroso en sus experiencias sumillerísticas en el restaurante Mugaritz y Pedro Ballesteros que, ocupado en la coordinación de las catas, eché en falta una mayor intervención suya sobre la materia que abordaría con entusiasmo y conocimiento.  Juan Echanove, como maestro de ceremonia, puso la guinda del consumidor tan español como amar la simbiosis de vino-plato.

Ahora voy con Susana. Su intervención se materializó en un power point sobre las trilladas fortalezas y debilidades del sector del vino. En su exposición se vio algunas debilidades que son fortalezas como algunas fortalezas son debilidades. Un discurso muy repetido sobre fórmulas de consumo entre la gente joven en un nada nuevo bajo el sol.  

Fortalezas que son debilidades:

Primer país del mundo en superficie vitícola

Es un dato meramente gráfico. Al ser el país más árido de Europa el cultivo de la vid de secano es el único viable sobre todo en Castilla-La Mancha el cual representa el 50% del viñedo español. Los rendimientos bajos y con el vino más barato del planeta conduce a la rentabilidad más baja del mundo.

Primer exportador mundial en volumen y tercero en valor

Evidente, somos lo primeros en volumen al ser los más baratos. Antes, a precios semejantes ni siquiera éramos los primeros. En cuanto al valor es otra cosa. Ser tercero no es un gran mérito cuando somos también el tercer productor. No contrastemos con Francia ni con Italia los cuales ocupan el primero y segundo puesto. Hagamos la comparación con Chile que exportó 9 millones de hectólitros a 2,10 euros el litro mientras que España exportó 22 millones a la mitad de precio. Hagan la cuenta.

Peso en la economía española

El 1,5% del PIB es insignificante si lo comparamos con otros sectores competitivos. El porcentaje del sector agrícola en la economía de los países industrializados es, casi por lógica, bajo. Si bien en la española (2,6%) el vino tiene peso. No es un dato a reseñar como valor.

Debilidades que son fortalezas.

Sector fragmentado y poco homogéneo

Uno de los valores de la vitivinicultura es la conciliación entre los grandes grupos vinícolas y los pequeños cosecheros que, en la actualidad, subsisten mejor que en el pasado cuando entonces tenían que agruparse en cooperativas. Un ejemplo es Australia donde el 80 por ciento de la producción lo ocupa los tres grandes operadores mientras que el resto se distribuye entre 400 bodegas, estas últimas rentables desde el planteamiento familiar.

Entre las debilidades reales no se señala la coordinación de las políticas de promoción a nivel nacional. La promoción es un reino de Taifas donde no se coordina la promoción de la D.O., la de las Comunidades Autónomas y las de los ayuntamientos bajo el paraguas de Marca España. Las etiquetas españolas son en las que apenas aparece el país de procedencia.

Consumo nacional en continua caída

Según como se mire. El consumo global por sí mismo no significa nada. Lo importante es el gasto en euros por persona y el número de consumidores ocasionales que es superior que antaño. De ahí la fortaleza económica del sector en los últimos tiempos que debe ser lo más relevante a señalar.

Gran dependencia del comercio exterior

Afortunadamente. La reciente crisis potenció las exportaciones ante la dependencia del comercio interior cuyas ventas cayeron en picado. El comercio exterior permite dispersar las ventas en multitud de países amortiguando los vaivenes de las economías nacionales.

Algunas reflexiones

En general, salvo los apuntes anteriormente citados, Susana García de la Federación Española del Vino, expuso con claridad los aspectos sociológicos que acampan en el consumo del vino. El peso de la cerveza como país productor es el más alto, y es verdad. Una de las razones no es tanto minimizar el consumo de la espumosa bebida en un país que, como el nuestro, alcanza las mayores temperaturas de Europa, sino la escasa fidelización del español hacia el vino popular, algo que no sucede en Francia o Italia. No sorprende que en España se consuma 82 litros de cerveza por persona dado el aumento de la hostelería “fina” en los últimos 10 años, sino que en Italia (con un clima más o menos parecido) el trago cervecero no alcance los 30 litros. Las tasas del mayor consumo del vino en Francia e Italia radican en el vino corriente, hoy de mucha más calidad que antaño mientras que en España beber vino barato es de pobres, es peyorativo. Allí el garrafón o el bag in box tiene más arraigo, aunque no estaría seguro que el consumo de barra en Francia sea tan vinícola como se desprende de la estadística dado el menor peso de la hostelería que aquí. En cambio, es posible que en estos dos países cercanos el consumo de vinos de un segmento superior no estén tan distanciados del nuestro. En cuanto al hecho de la voluminosa oferta de marcas que apabulla al consumidor es algo general en el mundo. El vino es así. El problema es que no existe en España el substrato del consumo del vino sin marca. Para ir al vino no hace falta ser diestro en el conocimiento de marcas y formas de beber. Aquel consumo de los 70 litros por persona de los que nos precedieron, no se basaba en el mayor conocimiento del vino. Nunca ha habido tanta cultura del vino como hoy. Nunca ha habido tal número de sumilleres y emprendimientos de jóvenes montando pequeñas bodegas, jamás ha habido tanta información digital de las firmas vitivinícolas y un comercio on-line explorando los rincones más ocultos de nuestra geografía vinícola, se han disparado los cursos de cata exprés implicándose incluso las tiendas especializadas. Según el informe, no estoy de acuerdo sobre el comportamiento a cambiar para que el vino sea cotidiano solo para comidas y tapas. Si en su exposición señala como elemento a extinguir que el vino se consuma para ocasiones especiales para los que no beben vino, bienvenido sea esos momentos especiales.

Por favor, no centremos la preocupación en las bajas tasas de consumo por habitante, sino en saber cuántos consumidores esporádicos se van incorporando al club de bebedores sensatos. He dicho en varias ocasiones que los consumidores entre 50 y más años beben más porque son el último rescoldo del consumo cotidiano. Los individuos entre 28 y 50 años que en la actualidad beben ocasionalmente, representan el futuro de un consumo que dejará de ser rutinario a convertirse en placer ocasional. Veo en este consumo una distribución del trago a lo largo del día. Es como en las pelís, sobre todo extranjeras, cuando los protagonistas descorchan una botella no solo en la comida (y en ocasiones ni eso) sino en plena tarde como relación social o en la noche como sobremesa. Fijémonos como beben sin tapa, algo todavía difícil en nuestra cultura mediterránea, pero todo llegará. Ah, pero que no se pierda esta cultura.

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