El “Jerez” que no es Jerez

Hoy se habla más que ayer de los vinos de Jerez por su calidad y sus suelos, además de por su historia y tradición. Pero lo que no se conoce es la discriminación entre su Zona de Producción y la Zona de Crianza a la hora de quedar ambas zonas reflejadas en las contraetiquetas de las botellas, pues no son las mismas. La última es la más conocida, representada por las bodegas situadas en el llamado Triángulo del Jerez (Jerez, Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda). Se entiende que, por su nombre, es la demarcación donde los vinos atraviesan el periodo mas trascendental, como es el del envejecimiento, en soleras-criaderas, si bien nada impide a las bodegas de la Zona de Producción envejecer del mismo modo sus vinos. Sin embargo, solo las bodegas del “triangulo” tienen el privilegio de colocar la contraetiqueta de la DO Jerez-Xerés-Sherry y de la DO. Manzanilla Sanlúcar de Barrameda a los vinos producidos y criados en esta última localidad.

Pero, ¿qué ocurre con los vinos de las bodegas situadas en Chiclana, Chipiona, Puerto Real, Rota, Lebrija y Trebujena ubicadas en la Zona de Producción? Es posible que la mayoría de los lectores piensen que los vinos de estos municipios no son jerez reglamentariamente porque no llevan la contraetiqueta de la D.O. en sus botellas, como así es. Lo más curioso es que el mismo Consejo Regulador les cede otra contraetiqueta con el texto “Control de producción” a los vinos que se embotellen en estas localidades sin marchamo DO Jerez. En cambio, si ese mismo vino, como materia prima, es adquirido por las grandes y famosas bodegas del “triángulo” y embotellado en su Zona de Crianza, automáticamente es bendecido con la contraetiqueta de la DO en donde obviamente figura la palabra mágica de Jerez. Por ejemplo, en la etiqueta de un vino de Chiclana solo aparece como origen el nombre del municipio y en la contraetiqueta “bodegas de existencias y control de producción”, sin que figure el nombre de la DO. Jerez-Xerès-Sherry.

Otros ejemplos en Tarragona, Málaga y Oporto

Esta discriminación tiene un origen histórico cuando se crearon las D.O. en Tarragona, Málaga, Oporto y Jerez. Los cosecheros (viñeros o viñistas, como que se llamaban antiguamente en Málaga y en Jerez) de estas zonas se dedicaban a la viticultura, vendimia y elaboración, pero despreocupados de crear una infraestructura de crianza, embotellado y expedición por la comodidad que representaba su papel de proveedor de las grandes bodegas criadoras y exportadoras. Su mercancía prácticamente estaba vendida a los antiguos comerciantes, que más tarde se convirtieron en los apellidos famosos y que, algunos de los cuales, siguen subsistiendo.

Hasta mediados de los años Setenta del pasado siglo esta normativa también se aplicaba a Tarragona, Málaga y Oporto. Los pequeños cosecheros, individualmente o asociados a cooperativas del Priorat y Falset, cedían su producción a los criadores o comerciantes del puerto de Tarragona o Reus, las únicas localidades permitidas para embotellar. Igualmente, los cosecheros de los montes de Malaga y la Axarquía suministraban su producción a las bodegas situadas en el puerto de Málaga. En Oporto, hasta hace tan solo 15 años, ningún productor del Douro podía criar y embotellar por ley el vino de Oporto. Es posible que entonces tuviera alguna razón de ser por las malas comunicaciones, distancia y logística. Incluso, se pensaba que los vinos envejecían mejor con la humedad de las zonas portuarias. En Oporto, las pipas almacenadas en la localidad de Vila Nova de Gaia eran las únicas con derecho a la precinta correspondiente. Hoy, esta norma ha desaparecido, excepto en Jerez, debido al lobby formado por parte de las grandes marcas, que ponen obstáculos a que sus proveedores históricos se “independicen” embotellando sus marcas con el sello Jerez, ya que se convertirían en una seria competencia porque sus precios podrían ser inferiores.

El Jerez oculto

Con este nombre escribí un artículo en 1995 sobre aquellas bodegas desconocidas, eternos proveedores de las grandes firmas que entonces comenzaban a vender sus propias marcas y así obtener el label del valor añadido Jerez en sus etiquetas. Sus vinos los probé como los de Pilar Aranda, Juan García Jarana, Maestro Sierra o Bodega Otaolaurruci, bodegas situadas en el “triángulo de Jerez”. A principios de los Ochenta, Rafael Balao, a la sazón, Director General de las Bodegas Emilio Lustau, tuvo la idea de sacar del anonimato a sus proveedores jerezanos con el sobrenombre de “almacenistas” y reflejando sus nombres en las etiquetas como Manuel Cuevas Jurado, Alberto Lorente Piaget, Rosario Farfante, Luis González Obregón, Rosario Benítez Girón, Miguel Fontadez Florida y Antonio Borrego. Con estos nombres probé unos vinos llenos de complejidad, tradición y poesía. La mayoría de los proveedores de esos vinos eran desconocidos por el consumidor, pero bien acreditados por los Osborne, Gonzalez Byass, Domecq, Terry, Garvey, Harvey’s entre otros por ser sus fieles abastecedores.

La crisis y los bajos precios pagados por las grandes bodegas jerezanas (hace tres o cuatro años el litro de vino se pagaba más bajo que en La Mancha) obligaron a gran número de pequeñas bodegas y cosecheros a criar y embotellar sus propios vinos, cuando la comodidad de venta segura a los grandes desde hace 10 años se convirtió en pesadilla. Peor lo tuvieron las bodegas de la Zona de Producción, gran parte cooperativas, las cuales solo les quedaba la opción de vender granel o bag in box por precio, ya que si embotellaban arrastraban unos costes de producción añadidos, sin contar con el beneficio de la marca Jerez.

Las bodegas de la Zona de Producción no tienen en el Consejo Regulador, por votos, el peso específico de las grandes del Triángulo las cuales reclaman los mismos derechos para llevar la contraetiqueta de Jerez en sus embotellados. Para el lobby jerezano esta situación le es muy cómoda ya que les permite comprar sus vinos a bajo precio e impedir la competencia de un gran número de bodegas las cuales obtendrían los mismos recursos al ampliar la zona de crianza o bien eliminar el concepto de “zona de producción”.

Lo curioso es que en la misma web del Consejo Regulador de Jerez hace referencia a las bodegas de esta zona en tono “protector” pero sin llevar el sello Jerez.

Este es el texto:

“Además de este importante eslabón en la cadena productiva de los vinos amparados por las Denominaciones de Origen, estas bodegas pueden dedicarse igualmente a la comercialización directa de sus vinos. Dichos vinos se encuentran acogidos a la protección que proporciona nuestro Reglamento, de modo que tienen el derecho exclusivo a la utilización de los nombres de las respectivas poblaciones en la comercialización de los vinos, siendo el Consejo Regulador el encargado de velar por tales derechos”.

En este enlace podéis ver las 10 bodegas “protegidas” por un Reglamento de la DO. pero sin la bendición del sello de garantía Jerez. Lo más grave es que estas bodegas se hallan en el limbo a la hora de localizarlas por zona a través de una base de datos. No figuran ni en la IGP Cadiz ni como “vino de mesa” y por supuesto los nombres de los municipios de la Zona de Producción no son enológicamente localizables.

Abraham Ceballos ha escrito un excelente artículo que detalla con precisión la calidad de los vinos de Chiclana.

En resumen, las bodegas de la zona de Crianza difícilmente subsistirían sin los anónimos vinos y mostos de las bodegas de la zona de Producción, al tiempo que estas lo tienen más difícil para vender sus botellas sin el label Jerez.

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