Genios del Sureste

Si el noroeste parece estar de moda (Galicia y Bierzo) con vinos de una gran riqueza varietal autóctona y de terruño, en la otra punta diametral del sureste aparecen figuras ya consolidadas como Toni Sarrión, Rafa Bernabé, Pepe Mendoza, Pablo Calatayud, El Angosto y Rafael Cambra. Son vinos de noventaimuchos puntos capaces de descifrar la expresión del paisaje y de las cepas. En mi último paseo por aquellas tierras de horizontes luminosos, nítidos y limpios solo me dio tiempo para reencontrarme con algunos de ellos y probar un fondillón desconocido para mí.  

Roberto Brotons: EL FONDILLÓN OCULTO

Bodega de fondillón de Roberto Brotons

En los alrededores de la localidad alicantina de Culebrón se levantan las instalaciones del próspero negocio de molturación de aceituna que Roberto Brotons lleva con soltura. En el mismo municipio se construyó el último aeródromo republicano de donde, en marzo de 1939, huyeron a Oran Negrín, La Pasionaria y Rafael Alberti. Fueron los viñedos de monastrell que vieron mejor que nadie el epílogo de la II República. Roberto me contó en tono cinematográfico que Dolores Ibárruri llevaba un equipaje lleno de oro y joyas. Debido al excesivo peso para el avión, se quedaron en tierra dos maletas que guardaría un lugareño que, pasado el tiempo, nadie le reclamó.

Centrándome en lo que corresponde, quien más o quien menos, todos tenemos un pequeño tesoro guardado, como un recuerdo sentimental o por su valor. Roberto tiene el suyo encerrado en un viejo caserón en medio de un solar apartado del ojo curioso. Por algo será, pues ese tesoro lo componen 150 toneles y 350 botas de fondillón, el prestigioso e histórico rancio de Alicante.

Roberto Brotons con una botella de Fondillón

Nunca pensé que una bodega que no fuera la de Salvador Poveda (hoy propiedad de MG Wines) y Primitivo Quiles contabilizara tal número de toneles de un vino tan especial como para envasar cada año 2000 botellas con una vejez de 50 años. “Ahora estamos comercializando las últimas botellas de la cosecha 1964 para iniciar la venta de la cosecha 1970. Cuando ésta se termine, iniciaremos la venta de la cosecha 1982”.  Las botas se rellenan con el vino de la misma añada.

La cosecha 1964 desprendía inmensos efluvios cetónicos propios de su vejez, mezclados con una amplitud aromática que evoca la almendra, las especias del roble viejo, la pasa y la noble oxidación del tiempo. Un vino espectacular y a un precio de risa: 22 euros.

www.vinosculebron.com

Pepe Mendoza: EL COMBATE CON EL CLIMA

Cuando en el año 1994 supe que la bodega se hallaba en Alfaz del Pi, un pueblo de jubilados británicos, y sus vinos hechos con cepas extranjeras, pensé que se trataba de un guiri camuflado con un nombre español. Pero no. Enrique Mendoza, que cinco años antes había inaugurado su bodega, se atrevió a cultivar cepas francesas, como pinot noir, cabernet sauvignon, cabernet franc, syrah, merlot y chardonnay, que se sumaban a la entonces “imprescindible” tempranillo. Todo un inventario extraño en la tierra de la monastrell. Aquellos Viña Alfas cabernet sauvignon nacieron de viñas jóvenes y con ciertos matices de pimiento verde que resultaban más frescos que los monastreles de antaño, cálidos, bajos de acidez, con poco color que se bebían con desgana. Hoy, su hijo Pepe recupera el cultivo de las uvas tradicionales con un pensamiento ecológico, sin menospreciar las uvas francesas, que hoy son algo así como la guinda del pastel de algunas etiquetas, todas ellas con excelentes puntuaciones en la Guía y de un viñedo ya veterano. 

Viñedos del Alto Vinalopó de Pepe Mendoza

Pepe tiene dos líneas de trabajo: Casa Agrícola, de cultivo natural y línea Pureza, que son blancos más radicales, que han fermentado en tinajas 60 días con la piel y raspón que me desandaba a los buenos y escasos vinos manchegos de mis primeros años, blancos con alma de tinto, sensaciones de piedra y tierra seca y ciruela blanca. Trabaja con esmero algunas parcelas del Alto Vinalopó. Hace vinos de pequeños sueños que delatan el paraje. Elabora moscateles en ánfora, en velo en flor, moscatel de paseras. Pepe se carga de entusiasmo rompiendo los paradigmas establecidos, evocando los vinos de antes con las secuelas de vinos indefensos al albur de los elementos de decrepitud, pero sin perder ojo en el equilibrio enológico. Con su joya más querida, el tinto Estrecho, me llevó a una viña de origen romano, disfrutando del paisaje copa en mano. Me contó lo que este viñedo podría haber contemplado desde los tiempos del Imperio romano.

“El mejor vino está en el mejor viñedo”, frase que se puede leer en su web. Cultivo sostenible con la técnica de control hídrico mediante dendrómetros atenazados al tronco de la vid. Lo cuenta con el sonido rural de sus palabras. Dos elementos donde Pepe pone todo su genio son el control hídrico y la defensa del tórrido sol mediterráneo. Hace unos años ingenió unos toldos semejantes a los utilizados en los cultivos frutales para aminorar la influencia del sol sobre los procesos vegetativos.

www.bodegasmendoza.com

Joan Cascant: EL GENIO DE LAS MICROVIÑAS

Viñedos modernos de Microviñas

Los amores desinteresados en el vino suelen proceder de quienes aman el campo, aunque no lo trabajen. La viña como planta civilizada es la que más se integra en el paisaje natural de las tierras mediterráneas. Por eso Joan Cascant intenta preservar las viñas centenarias con la idea urbana de las Microviñas. Algo así como instalar un cooperativismo más intimista, a base de convencer a los propietarios de majuelos y viñitas incrustadas en el paisaje de la necesidad de producir vino colectivamente, antes de dejarse seducir por la maléfica subvención comunitaria al arranque de las cepas. Su cuartel general se halla en Muro de Alcoy, donde se levanta la bodega “Celler la Muntanya”.

Esta bodega se abastece de pequeños viñedos nuevos y recuperados de otros tantos propietarios, los cuales participan en la recogida y elaboración, consiguiendo así una múltiple rentabilidad: económica, social, cultural y medioambiental. Son 25 microviñas o minifundios que han podido conservar las variedades autóctonas, algunas tan desconocidas como la mas de boti, bonicaire y la faranná, que enriquecen las ya consolidadas garnachas blancas, garnacha tintorera, merseguera, monastrell y la garnacha negra, aquí denominada giró. De la regeneración de cepas históricas se encarga Viveros Evaristo, de la localidad de Beniarrés. Este viverista conserva diferentes pies de cepas que se va encontrando en viñas perdidas entre la maleza mediterránea, con el que Joan mantiene una estrecha colaboración. Cada microviña se elabora por separado con levaduras autóctonas y con la menor intervención posible, con un profundo respeto al ecosistema. Predominan los suelos arcillo arenosos y arcillo calcáreos.

En Viveros Evaristo. A mi izquierda, Evaristo, y a mi derecha, Joan Cascant

Probé el tinto Sha-Laqant 2016, hecho con syrah, con un equilibrio entre roble y vino con notas tostadas, cálido con matices terrosos. También caté el tinto Mas de Botí 2016 con la variedad que lleva el mismo nombre, si bien me pareció que, a pesar de llevar 6 meses en barrica, la madera estaba ligeramente marcada.  Interesante la casta Faranná blanca, una pura sangre de 80 a 90 años de edad, aunque todavía vino y roble no estaban fundidos. El que más me gustó fue el tinto Bonicaire 2016 de la cepa del mismo nombre, con 3 meses de barrica, con recuerdo de granada y racimo de buena boca y frutal muy equilibrado.

www.cellerlamuntanya.com

Pablo Calatayud: LA MAGIA DE LA TINAJA

El triangulo paisajístico formado por Font de la Figuera, Moixen y Fontanars dels Aforins lleva como nombre Terres de Alforins, dado el mayor número de bodegas de esta última localidad, muchas de ellas con tinajas de barro empotradas en el suelo. La primera visita la hice en el año 2004 para conocer la zona de El Clariano y, concretamente, el Valle de la Albaida.

Pablo Calatayud y su padre Francisco

Recuerdo el tinto Les Alcusses, con el que por vez primera descubrí que un vino mediterráneo puede ser a la vez cálido y frutal. En aquellos años Pablo Calatayud ya apuntaba maneras, sin que las tradiciones vinateras hiciera mella, se puso en manos de Sara Pérez, una enóloga de fuste que iniciaba sus pinitos como consultora y que lleva con orgullo el apellido de su padre Josep Luis Pérez. En aquellos años, no pasaba por la imaginación de Pablo reutilizar las tradicionales tinajas. Pero estaban ahí, preparadas para que, con una enología de vanguardia, se pudiera sacar el mejor partido de ellas.

 

  

Tinajas (izquierda) y bombonas de cristal (derecha) en Celler del Roure

En este contexto, Pablo se ha entregado a esta práctica con tinajas revestidas con tartárico y algunas procedentes de Villarrobledo en la Mancha. Las ventajas de la tinaja se perciben incluso con el revestimiento de fibra epoxi para convertirlo en un símil de mayor volumen de la damajuana de cristal. “Siempre obtendré ventajas en este envase en comparación con el acero inoxidable, ya que estos depósitos están expuestos a las corrientes térmicas del interior, amén de las acciones electroestáticas”. Hablar con su padre, Francisco Calatayud, con 80 esplendorosos años de edad, es una delicia, con un discurso de evocación del pasado y comprensión del futuro.

Blanco macabeo, tortosí, pedro ximénez, merseguera, malvasía del 2017, vinos mediterráneos que guardan más la esencia del paisaje del entorno que los vinos atlánticos. La gran sorpresa ha sido un tinto con la variedad mandó tinta, vinificada también en blanco. Bebí un rosado de esta variedad con mayor expresión en boca que en nariz, posiblemente por estar algo más cerrado, pero que atisbaba un matiz floral y mandarina. Soberbio. “Es la única variedad en que las vendimias con 12 grados de alcohol no dejan rastro de verdor”. Un vino con la frescura septentrional sin perder el dejo mediterráneo. La mandó y la tinaja se llevan bien, incluso con raspón, a pesar de disminuir el color. Sus viñedos se hallan en la justa altitud de 600 metros, que permite cierta amplitud térmica. Un microclima que, con las variedades autóctonas como monastrell, garnacha tintorera y la sorprendente mandó, determina una silueta sensorial acorde con el paisaje. Asimismo, hay que añadir los suelos de componente calizo que aportan la finura y elegancia a sus vinos. No en balde el nombre de Albaida, de origen árabe, se debe al color blanco de sus suelos. Incluso las variedades foráneas como syrah, cabernet Sauvignon y merlot adquieren un sabor más mediterráneo que el de la propia identificación varietal.

www.cellerdelroure.es

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