Pioneros del Duero (I)

Hace unas semanas se celebró en Burgos con un éxito inusual el Congreso del Duero International Fest. Me pidieron que hablara de los pioneros del Duero, pero finalmente no pude asistir por circunstancias imprevistas. Me pareció una buena idea porque de lo que se trataba no era tirar de documentación, sino de contar mis encuentros con estos protagonistas. Pues bien, este artículo trata de recordar a los pioneros de las 5 denominaciones de origen antes de que estas nacieran. Se adopta el nombre del Duero no por las zonas instaladas en el curso del rio, sino referido hidrográficamente a la Cuenca del Duero, la cual ocupa casi la totalidad de Castilla y León.

Ribera del Duero

Jesús Anadón con Mariano García

Jesús Anadón

Jesús fue el eterno gerente de Vega Sicilia hasta el momento en que Limpiezas Eulen adquiere la bodega por 400 millones de pesetas. Fue el primer presidente del Consejo Regulador cuando estaba de secretario Javier Villagra. El peso y carisma de Jesús fue más sustancial por su humanismo y su humildad que por su conocimiento de la región. Infundía cierto respeto por lo que representaba, pero muy cercano como conversador. En una entrevista que le hice en el año 84 me dijo “hace tres años me jugué 40.000 pesetas en lotería para ver si me tocaba y quedarme con el 51% de la bodega y el resto de los trabajadores de la finca. ¡Habrían salido unas bodegas!“

Cuando le dije que en una caja de 12 botellas de Vega Sicilia si todas salen buenas es como si te toca la lotería, me respondió: “Lo que pasa es que mucha gente sabedora de lo caro que es este vino nunca encuentra la ocasión propicia para bebérselo, pasando el tiempo y conservándose en condiciones precarias. Lo mismo sucede con las tiendas, que las únicas botellas que compran son las del escaparate. Ya me dirás cómo estarán esos vinos”.

Protos

Aquí no encontré en septiembre de 1975 ningún protagonista humano por su condición de cooperativa. La bodega era conocida como la Cooperativa de Peñafiel, una nave industrial con fachada de ladrillo que se erigía al pie de la carretera de Valladolid a Aranda. En esa fecha me recibió un señor que se apellidaba Cordobés, al que le faltaba un brazo, pero que con el otro tenía una agilidad que asombraba al más pintado. Debía de ser el administrador y, pluma en mano, iba anotando el pedido en un manoseado cuaderno. Creo que fueron 200 cajas de Protos 1968 las que adquirí al costosísimo precio de 100 pesetas botella (0,60 €) destinadas para el club de vino que había montado unos meses antes.

La razón social de la bodega era Ribera Duero Sociedad Cooperativa. Recuerdo que cuando se creó la Denominación de Origen la bodega tuvo que ceder el nombre. En aquellos años el tinto Protos era la joya de la corona y con un precio a los niveles de los “Gran Reserva” riojanos. Junto al Alella Marfil, posiblemente fuera el primer vino embotellado en España por una cooperativa. La casa se atribuye ser el primer vino comercial envasado de la Ribera del Duero, sin tener en cuenta las botellas de Vega Sicilia que la familia Herrero “regalaba” desde 1916 en sus relaciones sociales y empresariales.

Fachada de la antigua bodega de Protos

El célebre tinto se criaba durante 6 años en barricas de roble americano que reposaba estoicamente debajo del castillo de Peñafiel con una humedad casi del 98%, por lo cual el TCA estaba servido. Aromas y sabores que me parecían muy riojanos y eso entonces era un marchamo de singularidad y prestigio.

Alejandro Fernández

Alejandro fue el diseñador sin proponérselo del auténtico ribera que todos conocemos: un tinto, tinto, con estructura y vigor y, además, utilizando raspón, lo cual ahora es una virguería que todos los bodegueros de bien ponen en práctica. Cuando nadie conocía el Pesquera, José Antonio Garrote, propietario del famoso restaurante La Fragua de Valladolid, me lo dio a probar en el año 1979. Garrote fue el primer promotor de postín de este vino. Yo seleccioné la cosecha 1974. Entonces sus etiquetas no llevaban añada y sus primeros vinos eran originales pero toscos. Pero más que por sus vinos, es el personaje que, botella bajo el brazo, daba a probar su Pesquera a diestro y siniestro. Le hice incontables entrevistas y siempre respondía contando alguna jugosa anécdota.

Hermanos Pérez Pascuas

Solo puedo recordar la bonhomía de todos ellos cuando antes de inaugurar su bodega, a finales de los años Setenta, me abrieron la puerta de un humilde asador de chuletillas que hacía las veces de bodega primigenia. Chuletillas al sarmiento que me supieron a gloria armonizadas con el primer tinto joven que ellos produjeron: el Viña Pedrosa sin la vestimenta del roble. Me encantaba escuchar a Benjamín con sus chascarrillos, Manuel con su cháchara sencilla y amable, Adolfo algo más callado y el inquieto y ya hoy menos joven, José Manuel en las tareas enológicas. Probablemente sean los hermanos del vino más queridos de la Ribera.

Pablo Peñalba

De Pablo Peñalba y de su mujer Pilar Albéniz dije en algún artículo que constituía un matrimonio que comulgaba con la doctrina de los equilibrios. Llevaron a la gloria de los tintos a la Ribera de Burgos de los claretes. Pablo era más comedido y tímido y Pilar de talante más firme y con carácter. Eran tintos más ligeros con la bendición de Manuel Ruiz Hernández, que quiso transmitir el acento riojano como asesor externo a los primeros vinos de esta casa. La bodega Torremilanos la instalaron en el viñedo como presintiendo la futura moda de los vinos de finca. Una vez me dijo desde su despacho de su fábrica de hierros, en el polígono industrial de Aranda, que los claretes de esa tierra tenían sus días contados a favor de los tintos. Razón tuvo. Y, además, su mujer Pilar puede enorgullecerse de haber sido la pionera en enoturismo en la Ribera del Duero.

Toro

Wenceslao Gil

Fue la voz más autorizada enológicamente hablando en aquellos años 80. A “Wences” le conocí trasegando subido en lo alto de un fudre en la bodega Luis Mateos, de la que era su enólogo. Su mensaje y su sentido de los vinos tenían el perfil de un hombre vinculado a la tierra y el paisaje de Toro, aunque haya nacido en Palencia. Su condición de enólogo le permitió trabajar no solo en la zona, sino también en Cigales y en Ribera del Duero. En el año 1991 montó su bodega integrando a su familia sin desviarse un ápice de lo que entonces era el vino de Toro: cálido, corpulento y muy sabroso. Un retrato que defendió y sigue defendiendo desde su bodega Vega Saúco, incluso con testarudez, pero con una voluntad de hierro.

Manuel Fariña

Recuerdo que hace más de treinta años me dio su visión sobre el futuro del vino de Toro y entonces no le creí. Decía que, para tener una exportación acorde con los demás vinos, el toro tendría que ser menos contundente, con menos cuerpo, pero sin perder la savia que le caracteriza. Hoy precisamente estos vinos zamoranos llevan esa tendencia que Manolo preconizaba. Yo le conocí antes de construir su bodega en Toro. Fue en Casaseca de las Chanas, un lugar fuera del territorio de Toro que le permitía hacer vinos libres con diferentes variedades foráneas. Se llamaba bodegas Porto, nombre del pueblo donde nació su padre Salvador, al que traté cuándo Manolo tenía 44 años mozos.  Pocos años después de montar su bodega en esta D.O., se convierte en líder de exportación de la Denominación. De los pocos bodegueros de raigambre castellana, con un criterio moderno aprendido de sus incursiones exportadoras.

Francisco Casas

Francisco Casas construyó una bodega-almacén en Morales de Toro en 1965 siguiendo la trayectoria familiar de comerciante de vinos de grado y color. Navalcarnero en Madrid con la variedad negral y Morales con sus recios y oscuros vinos de Toro, fueron los epicentros de sus mercarderías, pues no le interesaba embotellarlos ya que la piedra angular de su negocio era comprar a las pequeñas bodegas e, incluso, a las cooperativas y venderlo a granel a los compradores gallegos. En aquellos años era el negocio más rentable de la zona.  Solo hizo una excepción cuando le pedí un tinto para el Club de color mas intenso, más agreste y poderoso, más “toro”, de los de antes, que se llamó Regio cosecha 1979.

Próximo capitulo: Rueda, Bierzo, Tierra de León y Cigales.
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