Pioneros del Duero (y II)

Esta segunda y definitiva entrega sobre los pioneros que engendraron las denominaciones castellanoleonesas, culmina con las cuatro restantes: Rueda, Bierzo, Tierra de León y Cigales. Es un recuerdo nostálgico de mis primeros encuentros con estos personajes hace mas de treinta años. Para los que no habéis leído la primera entrega, la podéis leer aquí.

Rueda

Paco Hurtado de Amézaga

Paco, cuyo apellido hereda del fundador de la Bodega Marqués de Riscal, desgastó durante bastantes años las ruedas de su coche de las frecuentes idas y vueltas de la bodega madre de Elciego a la de Rueda. Le conocí a finales de 1978 interesándome por un vino muy especial, con levaduras seleccionadas, que entonces era una novedad y todo un hito en la zona castellana. Aquel vino no llevaba el resabio riojano de la crianza en barrica, tal y como era el blanco Marqués de Riscal, que se puso en el podio como el más vendido de Rueda. Recuerdo que, en aquellos años, el vino se comercializaba en botella tipo Rhin de color verde. Paco fue el principal promotor de la DO. Cuando él hablaba todos escuchaban con fervorosa atención las directrices que siempre eran las adecuadas para el vino de Rueda.

Los hermanos González Illera

De los hermanos hablaría de Daniel González cuando en 1976 la bodega se llamaba los Curros, que era el apelativo cariñoso que los hermanos tenían en la zona. Eran tiempos en que la Denominación de Origen Rueda no existía. Los nombres que se manejaban eran Tierra de Medina, Comarca de Rueda o Tierra del Vino de Valladolid. Después conocí a José, que hizo mucho por proyectar el tinto Yllera, un vino que se vendió por marca y no por origen en un mercado tan difícil como el de Andalucía. Los Curros inventaron el Viña Cantosan, el primer blanco de temple frutal de la zona y que llegó a ser el vino de la casa de Zalacaín de aquellos años cuando el restaurante gozaba de las 3 estrellas Michelin. 

Antonio Sanz

Antonio Sanz

Antonio Sanz es una extraña explosión de orgullo y desafectos familiares mezclados con su timidez, intuición y sabiduría enológica. Le conocí en las postrimerías del nacimiento de la D.O. Rueda, ofreciéndole la distribución en Madrid de su blanco Castilla La Vieja. Con Carlos Falcó convirtió el recio blanco castellano en una evocación de un “Graves” bordelés con la marca Marqués de Griñón, siendo el primero en utilizar barrica nueva francesa. Sus vinos comenzaron a ponerse de moda como los más elegantes y todo aquel que comprara el mejor blanco de Rueda, tenía que llevar la bendición enológica de Antonio. Ayudó al Marqués en sus comienzos con finca de Malpica en Toledo y fue con Luciano Suarez “Chano” y Mariano García el promotor-creador-inductor del famoso tinto Mauro.

Bierzo

Francisco Pérez Caramés

Paco, al que conocí a finales de 1979, regentaba la bodega Valdeobispo en Villafranca del Bierzo asociado con los Álvarez de Toledo. Era un hombre ilustrado que supo extraer de un modo definitivo lo que la mencía y el paisaje podrían trazar al genuino vino del Bierzo. Ilustrado, (porque también tuvo sus pinitos como escritor con varios libros relacionados con sus caminatas y vivencias paisajísticas del Bierzo), fue el primer presidente del Consejo Regulador, pero también un crítico del monopolio productor de algunas cooperativas. Él y yo no estábamos de acuerdo en su defensa de otras variedades que no fuera la mencía. Le movía el fruto de su exigencia enológica en lo que respecta a poner el Bierzo en las pasarelas, aún a costa de utilizar las variedades internacionales. Su actividad literaria le valió obtener el Premio Mariano de Cavia, codeándose con los escritores afines al periódico ABC. Murió demasiado pronto, a los 49 años.

José Luis Prada

De José Luis dije en una entrevista que le hice hace 12 años que de persona pasó a personaje incalificable. No sé si es un excéntrico, un filósofo o un romántico. Llegó a fumarse un porro delante de la estatua de Nelson en aquel Londres de la minifalda, al que arribó enfundado en un Renault encabezado con dos cuernos de toro. Para mí fue un berciano amante del paisaje y del paisanaje, y el vino no dejó de ser un producto que, como los pimientos o las castañas, representaban la esencia de su tierra. Me dijo que desde los 14 años siempre tuvo ganas de ir “a tope”.

Bodegas rurales Tierra de León

Tierra de León

Pedro Marcos

Pedro era un sabio del viñedo leonés. La viña rastrera del prieto picudo la enderezó en espaldera baja cuando todos los de la comarca le miraban con aprensión. Creó el viñedo más moderno de la provincia, que propició el arranque de los híbridos que ocupaban el 40 por ciento del viñedo de la Tierra de León. Le daba cierto reparo enseñarme su destilería de Viñamañán, con cuyos beneficios pudo impulsar la creación de un viñedo que sí mostraba con orgullo y pasión. 

Pablo San José

El otro pionero sigue siendo Pablo San José, el empresario del vino castellanoleonés más inteligente que siempre tuvo un ojo puesto en los mercados exteriores, hasta el punto de que en 1985 exportaba grandes volúmenes de vinos, nada menos que a Victoria Wines de Londres. El vino de su corazón era el de la comarca de Valdevimbre. Puso marca postinera a la Prieto Picudo con tinto Don Suero como prolegómeno a su intención de construir su bodega en la zona. Proyecto que retrasaría arrastrado por la responsabilidad de haber logrado reunir a los comerciantes leoneses del vino para proyectar una voz común bajo las siglas VILE.  

Bodega subterránea de Cigales

Cigales

Pepe Frutos Villar

Solo puedo recordar con emoción que uno de los dos hermanos que yo más traté, Pepe Frutos Villar, me dio a conocer en 1977 el primer clarete de Cigales, viña Calderona, que guardaba en las típicas bodegas subterráneas a 25 metros de profundidad. Fue el primer cigales genuino, esto es, con mezcla de variedades blancas y tintas. La clave de ese clarete era la extraordinaria personalidad cuando el carácter de las uvas blancas verdejo, albillo y palomino se fundía con la garnacha y tinto fino. Era un vino denso, fresco, frutoso, pero sin un ápice de los aromas aframbuesados de hoy; incluso concebí un clarete con un pase de roble con su marca Viña Cansina. También me vendió el primer tinto de Toro embotellado, Muruve, cuando solo envasaba Luis Mateos en Toro y la cooperativa de Morales de Toro. Los hermanos Frutos Villar, para sostener estas iniciativas de calidad embotelladas, tenían que vender mucho vino de garrafón y botella retornable desde la factoría que estaba en la carretera de Valladolid a León. Supieron conciliar el volumen urbano con la idea de proyectar dos zonas entonces fuera de las pasarelas del vino embotellado.

Julio Ruiz Rodríguez

Propietario de una bodega en Corcos que se llama o se llamó viña Esther. Un personaje que entendía que el clarete de Cigales debía pasar por roble para ponerlo a la altura de los vinos de guarda. Un vino que estaba al borde de ser generoso, como era normal encontrar en rueda y en el Marco de Jerez. En el año 76, descubrí un vino para mis socios con 14 grados de alcohol y de la cosecha 64 que, lógicamente, supuse que la célebre añada solo aparecía en la etiqueta y no en su interior.

Pablo Barrigón

Otro personaje incluso más dimensionado y conocido fue Pablo Barrigón. Su clarete era el único que se bebía en Valladolid con sus marcas Viña Cigaleña y Viña Solana. Este cigaleño, abierto, comunicador y con una curiosidad extrema, fue un empresario emprendedor y el más conocido bodeguero de Valladolid. Compraba y vendía vinos por toda España, hasta el punto de merodear la ilegalidad cuando el Servicio contra Fraudes detectó en alguna partida de sus vinos una sustancia nociva que se llama cloropicrina. Antes de ese suceso y a raíz de elegir el clarete de Cigales de Frutos Villar me preguntó por qué no seleccionaba su vino para mi club. Yo le respondí: “Pablo, ¿tú me puedes asegurar que el cigales que me vendas será integro?”. Me respondió con una sonrisa pícara mirando a otro lado. Murió en 1914 a los 96 años de edad.

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