Blog de José Peñín

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Después de contar en el primer capítulo los vaticinios que se cumplieron en los últimos 30 años, en esta segunda entrega es posible que me exponga demasiado en adelantar lo que en esta década se va a producir en el vino español.   

Comenzaré diciendo que no me voy a tirar a la piscina con mis pronósticos sobre el vino español sin contar con los vaticinios ya cumplidos que relataré en esta primera entrega. Esta realidad gozosa me sirve de inspiración para cometer la osadía de adelantar lo que va a ocurrir al vino español en los próximos 10 años. Hace poco oí que la inspiración es la forma artística de la intuición, aunque en mi caso pervive la razón y el sentido común sobre la intuición. Por lo tanto, es un ejercicio que debe basarse en lo que pasó para poder calcular lo que va a pasar.

Este pasaje no trata de los vinos que más me gustaron porque esta sensación abarca a un gran número de marcas y posiblemente coincide con la mayoría de los profesionales, de los buenos aficionados y, sobre todo, con las evaluaciones de la Guía Peñín. De lo que voy a tratar es de citar aquellos vinos que, presintiendo lo que, copa en mano, voy a llevar a mis sentidos, el resultado, aunque a mejor, no me lo esperaba, no tanto por su calidad, que la doy por muy buena, sino por su diferencia.

A propósito de la Cumbre del Clima que en estos días se celebra en Madrid, ¿cómo le afecta al viñedo español el cambio climático?  Mi impresión es más optimista que la de Miguel Torres porque hay todavía mucha tarea por delante en el ámbito de la viticultura y no solo “tirarse al monte” plantando viñas a mayor altitud y latitud.  Sus testimonios, a mi juicio, estaban impregnados de cierto alarmismo porque el cambio climático también tiene su lado positivo al ampliarse el viñedo hacia el norte sin dejar de cultivarse en el sur. Los vinos ingleses y las primeras marcas de Dinamarca y Suecia comienzan a poblar las estanterías.

¿Cuáles eran los modos de publicidad del vino en el pasado? ¿Cómo mostrar a los españoles un producto que, como el vino, pertenecía al firmamento de la tradición cotidiana y a la cultura costumbrista y por lo tanto muy alejado de la sorpresa?  Hace 18 años escribí un artículo sobre la cartelería publicitaria del vino español creada sobre todo en la primera mitad del siglo XX y del que rescataré algunos párrafos para este post.

Desde hace 11 años, esta casa organiza el Salón Selección Peñín Nueva York en el mes de las flores. En esta ocasión, no hablaré de vinos. Este artículo no trata de lo que beben sus habitantes sino de su escenario urbano.

Con la edición 2020 de la Guía Peñin de los Vinos de España, se cumplen los 30 años de vida de la que, con el tiempo, se ha convertido en el verdadero termómetro de la salud del vino español, aunque solo sea por el mayor número de marcas catadas y, en su mayor parte, desconocidas. Treinta años reseñando nombres y apellidos de bodegas y marcas es el gran hito que ha protagonizado la Guía Peñín.

En este segundo capítulo, hablamos del nacimiento Vega Sicilia, un mito esculpido en una historia de penurias. 

En 2002, cuando escribí el libro “Vega Sicilia, viaje al corazón de la leyenda”, me di cuenta de que la leyenda de esta bodega comenzaba a declinar cuando su calidad alcanzaba las más altas cotas de toda su historia. Dejaba de ser aquel vino misterioso y fascinante para convertirse en algo más cercano.

Los retratos de la historia nos muestran los momentos cuando la uva, en manos de la Naturaleza, deja de vegetar a manos de la inteligencia: la vendimia. Hoy, este acto, para algunos entre religioso y planetario, se hace bajo el dictado de la ciencia y la inteligencia artificial. Ya no cuenta el santoral para fijar una fecha. La determina el refractómetro y el ordenador.