General

En la primera entrega quedó claro cuáles son los vicios y virtudes del comensal y cuál es la carta de vinos mediocre. En este segundo y último post, trazo unas impresiones e ideas sobre lo que debería ser una carta de vinos adecuada y un repaso de los pecados del mal sumiller y los valores del buen sumiller.

El restaurante es el escaparate más visible de la cultura e incultura en relación con el vino. Allí se exhiben los tópicos todavía indestructibles que afectan, no solo al comensal, sino también al sumiller y a la carta de vinos. 

Existen, entre otras, unas prácticas secretas en la enología de las bodegas. Son los llamados “alternativos”, un eufemismo aplicado a sustituir la barrica de roble por virutas, duelas o trozos de distintos tamaños de roble introducidos en los tanques de acero o cemento. ¿Es un pecado? ¿Es un fraude? Este cronista, al que nadie le puede tildar de ser un sentimental de las tradiciones, copa en mano, ha tenido infinitas ocasiones de comparar el vino criado en barrica de roble con el mismo vino criado en virutas. Un asunto que traté hace cinco años en mi blog desaparecido que, con las actualizaciones que el tiempo transcurrido impone, retomo en esta ocasión.

Desde hace algo más de 5 años está cundiendo entre la clase vinatera el interés por retomar los antiguos vinos municipales, o sea, los que producen los viticultores de un municipio. Reedito con las actualizaciones pertinentes mi artículo desaparecido del blog editado en 2013.

El que más y el que menos se frota las manos cuando le regalan una cesta de navidad, botella de champagne incluida. Las burbujeantes marcas francesas han tenido predio en nuestras ilusiones, pero no en nuestro bolsillo.

En los próximos días navideños se impondrán momentos de burbujas y bueno es, no solo beber las luces del champagne, sino también conocer algunas de sus sombras. De los artículos desaparecidos del Blog, rescato el word (con las ampliaciones y actualizaciones pertinentes) donde se desmonta la absurda creencia de que el champagne lo inventó Dom Perignon.

Algunos lectores se quejan de la imposibilidad de acceder a algunos artículos publicados desde el año 2011 al 2014 debido a que desaparecieron de mi blog a causa de algún delincuente informático. Uno de los más demandados es el que encabeza este post y que vuelvo a reproducir para satisfacción también de los seguidores más contemporáneos de este blog.

Hace cinco años en este blog publiqué un artículo sobre los peligros sensoriales del menú degustación. No puedo añadir el enlace ya que fue una de tantas víctimas escritas de mi coleto periodístico que fueron hackeadas. A vueltas del menú degustación, añado ahora un nuevo peligro que es la minuta del vino añadida a la cuenta del innumerable listado de copas que deben acompañar a los bocados.

A más de uno les habrá sorprendido el título de este artículo. Pero dejemos claro que la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda tiene la misma elaboración que el fino de Jerez y el fino del Puerto de Santa María pero con las diferencias del microclima sanluqueño. Entonces, ¿por qué se llama manzanilla al vino biológico de Sanlúcar y fino al vino biológico de las otras dos localidades del Marco?

Esta segunda y definitiva entrega sobre los pioneros que engendraron las denominaciones castellanoleonesas, culmina con las cuatro restantes: Rueda, Bierzo, Tierra de León y Cigales. Es un recuerdo nostálgico de mis primeros encuentros con estos personajes hace mas de treinta años. Para los que no habéis leído la primera entrega, la podéis leer aquí.