Histórico

No sé a quién se le ocurrió bautizar “tinto de verano” al vino con gaseosa cuando en las tres cuartas partes de la España de hace más de 35 años se bebía en todas las estaciones del calendario. Unos le echan gaseosa y otros refresco de limón carbonatado pero ambos se toman la bebida como un refresco veraniego. La primera opción llegó a ser una bebida nacional entre la clase trabajadora y campesina como una forma de hidratación frente al agua sospechosa.

Hace más de treinta años entrevisté para El País a Christian Moueix, el propietario de Chateau Petrus, para indagar qué tiene de valor para ser el vino más caro de Burdeos sin llegar a pertenecer a la sagrada lista de los Grand Cru Classè. Un artículo al que hoy no se le quita ni se añade una coma porque Petrus sigue igual, como los grandes misterios indescifrables.

En este confinamiento, más cruel para unos y menos para otros, me he permitido dedicar más tiempo a ordenar papeles y recolocar libros. Entre los primeros me encuentro con un artículo escrito por este cronista en 1997 sin recordar donde se publicó, al menos no fue en los medios escritos en los que colaboré en aquellos años. Lo rescato porque todavía está vivo en un momento en el que hoy escribir de vinos se ha globalizado de tal manera que a los periodistas, escritores y enólogos se han sumado toda una suerte de blogueros, tenderos, comerciantes, sumilleres y buenos aficionados con tanta pasión y acierto como los que nos hemos ganado la vida con la pluma. El vino es de todos.

Se ha hablado mucho sobre si catar más de 15 vinos diarios es nocivo para la apreciación sensorial, como si el trabajo de un catador de vinos fuera igual que el de un perfumista. Un especialista sensorial de la industria del perfume es un superdotado aún mayor que el mejor catador de vinos al tiempo que no sería el adecuado para el ejercicio enológico. El hecho de ser capaz de localizar muchos más matices que se pueden encontrar en una copa distorsiona el resultado ya que describiría gamas que ni el grupo de catadores apreciarían, sean profesionales o no, y menos aún los consumidores, lo que crearía cierta confusión. Los enólogos, sobre todo, han sido los que no comparten la opinión de sobrepasar el número de 25 muestras diarias. Es natural, cuando ellos catan varios depósitos o barricas del mismo vino resulta más difícil poder apreciar las diferencias cuando se sobrepasa ese número ya que esas diferencias son mínimas. Por otro lado, la cata técnica requiere más tiempo para precisarla ante un defecto.

El vino español de prestigio vive agazapado entre pequeñas y notables iniciativas individuales. Todas ellas ensombrecidas por el resto del grueso exportador por la escasa confianza y seguridad en el producto recurriendo a la tarifa. A esta realidad se añade una larga historia de granel de más de 150 años cuyos precios a la baja fueron marcados por los compradores y no por los vendedores. Muchas bodegas lo achacan al pobre conocimiento del vino español de los importadores e incluso críticos foráneos y no es verdad. Están más al tanto de lo que nos creemos. Tanto es así, que las primeras llamadas a la bodega de la gran mayoría de los vinos, no solo los mejores sino también los más singulares y originales, fueron hechas por ellos.

En los últimos tiempos se habla insistentemente sobre las cualidades nutricionales del vino. Que si hasta el siglo XVIII era más sano el vino que el agua, que si el resveratrol es el mejor antioxidante, que si el vino consumido con moderación previene en un 50% las enfermedades coronarias, etcétera. Está claro que el vino contiene toda una serie de bondades, pero para que hagan cierto efecto, la sombra del 12 o 14 por ciento de alcohol planea de tal modo que su impacto puede más que las ventajas de sus propiedades salutíferas.

Esta es mi pequeña contribución al homenaje que, en el cuarto aniversario de su fallecimiento, sus amigos, profesionales y discípulos del Bulli han organizado hace unos días. Rescato una entrevista que hice a Juli Soler en 2006 que muestra la dimensión del personaje que nunca quiso serlo.

24 consejos para ser un buen catador fruto de un trabajo de muchos años probando vinos con algunos patinazos al principio, algunos aciertos, catando vertical, horizontal, triangular, comparativa, tabulando las catas de los demás y, sobre todo, humildad y cautela que la experiencia me ha proporcionado.

Algunos lectores se quejan de la imposibilidad de acceder a algunos artículos publicados desde el año 2011 al 2014 debido a que desaparecieron de mi blog a causa de algún delincuente informático. Uno de los más demandados es el que encabeza este post y que vuelvo a reproducir para satisfacción también de los seguidores más contemporáneos de este blog.

Han pasado más de 25 años desde que estuvieron en boga los blancos fermentados en barrica. Fue el heredero más aseado de la antigua expresión vino con “madre”, es decir, con lías y en algunos casos con hollejos mantenidos más tiempo. Sobre esta novedad entonces, publiqué en 1995 un artículo en la revista Sibaritas que el tiempo todavía no ha marchitado y que reproduzco más abajo.