Reportajes

Nunca he sido un apasionado de la syrah española.  Esta casta muestra sus encantos en el norte del Ródano, su lugar histórico de cultivo al igual que la pinot noir en la Borgoña. Sus valores son una frescura y una nítida expresión varietal fruto de una climatología fresca sin dejar de ser mediterránea. En cambio, en nuestro país, con unas temperaturas más elevadas, se convierte en una vinífera que, aunque para mezclas funciona mejor que la tempranillo, no da vinos grandiosos.

La cata ha sido la tarea que más tiempo me ha llevado desde que tengo uso de razón enográfica. Una actividad que me ha obligado a profundizar en la materia no tanto por las percepciones sino por su relación con el cerebro, la memoria sensorial, la complicidad entre el ojo y el olfato e incluso en el modo de ser de cada catador.  De los que más me han inspirado destaco la precisión técnica de Ramón Viader con su obra Vino, Cuerpo y Cerebro, y los más divulgativos Frederic Brochet y Alexandre Schmitt.

Facebook, Instagram y Twitter son las tres vías más importantes de las redes sociales y las que trazan el verdadero perfil del español a la hora de predicar sus gustos, tendencias, filias y fobias hacia el vino.

Se dice que el vino es un lujo asequible. Un pequeño lujo cuando el vino ha dejado de ser una bebida cotidiana en el universo de lo alimentario. Todos los lujos son inútiles (excepto para los que los venden), a no ser que, indirectamente, la adquisición del lujo permita al acaudalado codearse con la exclusiva casta de los poderosos para otros fines. Ya lo dijo Vicenzo Gioberti, político italiano del Diecinueve: “El lujo es todo aquello que debe considerarse superfluo para la felicidad del hombre”.

Publicado ya el primer capítulo, este segundo se adentra en las costumbres musulmanas y en un milenio en donde las certezas se imponen sobre las vaguedades hasta llegar a la Revolución Industrial que, sin duda, también le atañe al vino.

En mi vida profesional y de vez en cuando hedonista, he descorchado miles de botellas de todas las edades. En esta ocasión daré unos humildes consejos de cómo enfrentarse al descorche de los vinos viejos entendiéndose que el corcho sea de buena calidad.

Ninguna denominación de origen del mundo como el Priorat ha pasado en tan solo 30 años de sufrir el mayor atraso de su aislada economía vitivinícola de garrafón y granel de oscuras mezclas, a ser un modelo de concienciación ecológica y pundonor con el paisaje respetando la identidad enológica de municipios y terruños. El resultado es ser la D.O., después de Jerez, con mayor número porcentual de vinos de alta puntuación.

Hoy Cataluña puede exhibir con orgullo todas las variables del vino por suelos, microclimas, orografía y gente ilusionada dedicada a esta profesión. La calidad y variedad de estilos les sitúa en los primeros lugares del vino mediterráneo. Desde grandes empresarios comerciantes como Torres, Codorniu y Freixenet que pusieron el vino español en el mapa mundial, hasta payeses que pasaron de ser meros proveedores de uvas a convertirse en abanderados del terruño catalán. Hoy son 12 denominaciones de origen y más de 2600 marcas de vinos.

Repasando algunos de los libros editados en los últimos 200 años se puede ver que hubo tiempos mejores sobre la reputación de nuestros vinos a nivel mundial. La fama y prestigio de nuestros vinos del pasado se concedía a los vinos generosos tanto dulces como secos. En cambio, los vinos de mesa eran desacreditados por su mediocre calidad.

Como continuación al primer capítulo en esta segunda entrega cierro las impresiones sobre lo que vieron mis ojos antes de iniciar mis primeros pasos en el vino.