Blog de José Peñín

La variedad tempranillo sigue siendo sagrada en España. Cualquiera respondería que la mejor cepa española es la tempranillo por esa relación histórica con la también intocable Rioja. No obstante, se pueden contar más sus fracasos que sus éxitos fuera de su hábitat natural, como es La Rioja, y no en toda La Rioja.

Los dos extremos de la tabla, los vinos corrientes y baratos del lineal del supermercado y los vinos de élite o excepcionales son los que más ríos de tinta generan entre los consumidores. ¿Sabéis cuáles son sus diferencias?

Estas reflexiones me atraparon la semana pasada, después de varios años asistiendo a este mercadeo fino del vino bordelés en el “campus” de los chateaux. Allí, donde las bodegas de postín se ponen las mejores galas para presentar, mejor dicho, vender el vino bebé de la última cosecha, en este caso la 2018. Se compra, se paga por adelantado a un precio lógicamente más barato, pero no se lleva.  Al vino le falta pasar la pubertad de dos años en barrica y botella encerrado en el silencio del chateau antes de ser físicamente exportado en contenedores.

Pocos terruños me han sorprendido como los del Valle del Jamuz. Lo incluyo en la lista mágica de los de Gredos, Ribeira Sacra, Sierra de Francia, zonas altas del Bierzo y, por supuesto, Priorat.