Blog de José Peñín

Nunca he sido un apasionado de la syrah española.  Esta casta muestra sus encantos en el norte del Ródano, su lugar histórico de cultivo al igual que la pinot noir en la Borgoña. Sus valores son una frescura y una nítida expresión varietal fruto de una climatología fresca sin dejar de ser mediterránea. En cambio, en nuestro país, con unas temperaturas más elevadas, se convierte en una vinífera que, aunque para mezclas funciona mejor que la tempranillo, no da vinos grandiosos.

La cata ha sido la tarea que más tiempo me ha llevado desde que tengo uso de razón enográfica. Una actividad que me ha obligado a profundizar en la materia no tanto por las percepciones sino por su relación con el cerebro, la memoria sensorial, la complicidad entre el ojo y el olfato e incluso en el modo de ser de cada catador.  De los que más me han inspirado destaco la precisión técnica de Ramón Viader con su obra Vino, Cuerpo y Cerebro, y los más divulgativos Frederic Brochet y Alexandre Schmitt.

Poca gente está al tanto de que Carlos Águila cuenta en Twitter con el mayor número de seguidores del vino de este país sin contar a Josep “Pitu” Roca. El apellido Águila obviamente no se lo puso él, pero su ojo panorámico es de un águila que vuela muy alto oteando todo lo que se asoma en el campo audiovisual vitivinícola del planeta, recogiendo para sus seguidores los videos más brillantes gracias a su olfato didáctico. Conoce como pocos todas las técnicas de optimización de redes sociales, editando imágenes en movimiento de todas las secuencias del vino desde la cepa hasta la botella.

Facebook, Instagram y Twitter son las tres vías más importantes de las redes sociales y las que trazan el verdadero perfil del español a la hora de predicar sus gustos, tendencias, filias y fobias hacia el vino.

Se dice que el vino es un lujo asequible. Un pequeño lujo cuando el vino ha dejado de ser una bebida cotidiana en el universo de lo alimentario. Todos los lujos son inútiles (excepto para los que los venden), a no ser que, indirectamente, la adquisición del lujo permita al acaudalado codearse con la exclusiva casta de los poderosos para otros fines. Ya lo dijo Vicenzo Gioberti, político italiano del Diecinueve: “El lujo es todo aquello que debe considerarse superfluo para la felicidad del hombre”.

Publicado ya el primer capítulo, este segundo se adentra en las costumbres musulmanas y en un milenio en donde las certezas se imponen sobre las vaguedades hasta llegar a la Revolución Industrial que, sin duda, también le atañe al vino.

¿Como eran los sabores de los vinos de Mesopotamia, Egipto, Roma o Grecia? ¿Los vinos de Jerez del siglo XV eran iguales a los de hoy? Los vinos de Rioja del siglo XVIII no tenían nada que ver con los que se beben en la actualidad.

En mi vida profesional y de vez en cuando hedonista, he descorchado miles de botellas de todas las edades. En esta ocasión daré unos humildes consejos de cómo enfrentarse al descorche de los vinos viejos entendiéndose que el corcho sea de buena calidad.

Hace unos días falleció Fernando Chivite, la última víctima de una maldición que se ha cernido sobre esta familia navarra. De los cuatro hermanos Fernando, Carlos, Mercedes y Julián, este último como único superviviente, todos los demás fallecieron de tres enfermedades diferentes: leucemia, tumor cerebral y cáncer de pulmón respectivamente. Que alguien me rebata si no es una maldición.

No sé a quién se le ocurrió bautizar “tinto de verano” al vino con gaseosa cuando en las tres cuartas partes de la España de hace más de 35 años se bebía en todas las estaciones del calendario. Unos le echan gaseosa y otros refresco de limón carbonatado pero ambos se toman la bebida como un refresco veraniego. La primera opción llegó a ser una bebida nacional entre la clase trabajadora y campesina como una forma de hidratación frente al agua sospechosa.