El ‘Bag in Box’, ¿sera tendencia? (y II)

¿De dónde arranca la aversión por este envase? Todo empezó en los años ochenta del pasado siglo cuando en plena guerra de sobreproducción y precios a la baja en Jerez, alguien introdujo este envase para achicar aún más los precios -algunos de saldo- en la exportación. Es evidente que los vinos envasados en Bag in Box (BIB) eran los graneles más infames que podría uno echarse al gaznate. Este hecho situó al recipiente como culpable de la imagen cuando el verdadero responsable era el propio vino. Este asunto ha estigmatizado hasta el día de hoy al BIB como figura de desprestigio cuando la calidad del peor vino de hoy es infinitamente mejor que el peor de ayer. No obstante, la OIV está sopesando en considerar al vino en BIB como vino envasado y no granel.

Y es que el granel ha tenido en España muy mala prensa, considerado como un producto de consumo, de baja estofa, de pueblo y de tabernas de borrachera, mientras que en Italia y, sobre todo, en Francia, el granel ha representado la esencia familiar del producto local, del vino que se bebe en casa, “le vin en pichet”, el vino en jarra de lunes a viernes para después beberse un buen chateau el fin de semana. Hasta hace tan solo diez años, nuestro comercio de granel era fruto de saldo, con defectos de conservación más que de elaboración. Recuerdo hace bastantes años beber un vino de brik o de los llamados “6 estrellas” de envase retornable con defectos de evolución, vino fatigado con fermentaciones sin control y por las elevadas dosis de sulfuroso en los depósitos de cemento que se llegaba a combinar con el vino, producto de vendimias donde era normal mezclar racimos pasificados con verdes, frente a un ligero, fresco, aunque impersonal vino francés, pero sin ninguna lacra.

La crisis del Jerez de los ochenta

El desprestigio del vino de Jerez no ha venido ni vendrá de la mano de este envase. El descrédito de este vino lo han ocasionado los que precisamente ahora defienden erradicar el BIB vendiendo el vino español más reputado a precio de ganga por la obsesión del volumen. No hay en el mundo un vino como el de Jerez con tanto prestigio a tan bajo precio. Las grandes bodegas, ya a principios del siglo XX, iniciaron una loca carrera para exportar a precios a la baja impuestos por los importadores extranjeros e incluso aceptando maquillar los finos endulzándolos con el pal cream y los olorosos con el cream. Durante muchas décadas cada aumento de las exportaciones se debía a un atornillamiento de los precios. Cuando ya era imposible bajar más, las caídas en las exportaciones han sido fulminantes en estos últimos veinte años, con toda una pléyade de compras de marcas y soleras de una bodega a otra. El Equipo Navazos es el símbolo del nuevo Jerez, el Jerez del siglo XXI, el pistoletazo de salida sin los prejuicios de vender una manzanilla o un fino más caro de los 10 euros la botella. Pero esto es tema para otro reportaje.

 La garrafa maldita

 La garrafa ha sido trascendental en la costumbre vinológica del español ya que ha sido un envase de transporte pero no de servicio. Se puede decir que es un daguerrotipo ver, garrafa en mano, al buen bebedor entrando en una cooperativa. Un retrato que ha tenido que ver con quienes han creído que comprar directamente en bodega es más saludable y barato. Pero cuando este envase se utiliza al por mayor cabe cierta suerte de tentaciones para todo tipo de enjuagues en las tabernas. Es lo que se llama el “garrafeo” o el fraude en destino. Y es que el vino envasado en garrafa o damajuana se presta al sablazo del origen (una vez abiertas pueden mezclarlo con vinos, sobre todo de Huelva y Sevilla) además de poder ser utilizadas para otros líquidos no bebibles, con dudosa limpieza en bodega para ser reutilizadas. Asimismo, los contenidos de estas garrafas se vierten en barriles o botas de las tabernas y tabancos en contacto con el oxígeno, lo que puede alterar la calidad de la manzanilla por la oxidación sin contar con las consecuencias del estado higiénico de los citados barriles. Por lo tanto, ante el espíritu de asepsia que en los últimos tiempos nos invade, aparece el recurso del Bag in Box que, a diferencia de la garrafa, que solo tiene la misión de transportar el vino a granel, el instrumento sirve para envasar y preservar el vino durante su transporte y consumo. El BIB es una bolsa de polietileno llena de vino al vacío con un grifo expedidor que impide la entrada de oxígeno, de tal modo que el vino se mantiene con sus características alrededor de un mes y que no puede ser reutilizable.

El ‘Bag in Box’ ¿será tendencia?

Una prueba del auge de este envase en el mundo es este artículo. El BIB, por su planteamiento pragmático lejos de las viejas tradiciones inmovilistas y esnobismos, está más cerca del consumo entre los más jóvenes que quieren introducirse en esta bebida sin tener que pasar por la, para ellos, enrevesada liturgia enológica que son precisas para vinos Premium o de terruños que serán vendidos y servidos durante mucho tiempo en botella con su corcho y etiqueta. La comprensión sobre el consumo de cerveza en grifo se trasladará al BIB. El auge del vino joven fácil de beber en copas, los gastrobares y la novedosa incursión en las vinotecas de pequeños depósitos de acero inoxidable para servirse el vino varietal por copas, son un marco adecuado para el BIB y es más difícil que te den gato por liebre gracias al hermetismo del envase si lo comparamos con la botella abierta en la barra del bar. 

Creo que este envase será tendencia en los próximos años en el consumo familiar y en la hostelería.  Es más, en los principales restaurantes marchosos de Nueva York el key Keg (un envase metálico simbiosis entre en Bag in Box y el barril de cerveza) o vino en grifo está haciendo furor. No hay que olvidar que el conocimiento y curiosidad del consumidor americano del vino es superior al nuestro. Ya se sabe, cuando el Imperio impone una moda…

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