Harlan Estate o el sueño americano

Hace unas semanas vi que los estucos y las fastuosas lámparas de un edificio histórico no se inmutaron cuando un americano presentaba un vino americano. El Casino de Madrid fue un lujoso y desmesurado escenario para un vino que, desde la óptica europea, pertenece a una joven historia de un vino californiano. Pero es que el anfitrión español no se anda por las ramas a la hora de envolver con elegancia la puesta en escena de un vino.

El anfitrión fue la Fundación para la Cultura del Vino y el vino en cuestión se llama Harlan Estate, de la bodega del mismo nombre de Napa Valley bajo el epígrafe El Sabor de los Grandes. Esta institución convoca cada cierto tiempo estos encuentros para gozo de periodistas, sumilleres y gente del buen beber y para ilustrarnos con lujosa documentación de lo que se cuece entre los superpremiums del planeta a través de sendas catas verticales.

Cata vertical de Harlan Estate

Desconozco las razones concretas de la elección de Harlan frente a las más mediáticas como Beringer, Mondavi, Dominus, Phelps o Coppola, pero da igual. A diferencia de otros países vitivinícolas, en California los 100 puntos ya sean de Parker, Wine Spectator o Wine Entusiast se distribuyen generosamente entre los vinos de un sinfín de bodegas, el 90 por ciento desconocidas para el consumidor español y Harlan es una de ellas. Vinos carísimos porque los precios los ha fijado la demanda patriótica del americano, no el mercado internacional y menos las subastas británicas, las cuales solo han puesto los ojos en los vinos franceses y en los oportos principalmente. Precios míticos de vinos que, a mi juicio, no lo son porque eso solo lo concede la larga historia de sagas y tiempo.

Mi primer viaje al vino californiano

En 1983 conocí a Almudena de Llaguno cuando trabajaba, creo que ocasionalmente, para el consulado español en San Francisco.  Me acompañó desinteresadamente como intérprete a visitar las bodegas de Napa y Sonoma cuando ni por asomo estaba metida en esta cultura y antes de fundar con su marido Steve Metzler la empresa importadora Classical Wines. Desde la ventana del coche, me llamó la atención que los viñedos se plantaran por los llanos en vez de las colinas, todas ellas cubiertas de arboleda. La inversión térmica a la que las viñas estaban sometidas les dejaba la peor parte, con fuertes heladas tempranas y tardías que obligaban a instalar gigantescos ventiladores para evitarlas. 

José Peñin en Napa Valley (1983)

Harlan Estate todavía no había nacido, pero en aquellos años, cuando era raro que cada mes no se inaugurara una bodega en California, los nuevos emprendedores que llegaron a Napa y Sonoma se lanzaron al monte. H. Williams Harlan, empresario inmobiliario, fue uno de ellos. De los primeros en plantar viñas en 1984 en los pocos descubiertos de las colinas boscosas con la intención de crear un “grand cru” con acento americano. En aquellos años, los vinos de las llanuras -la mayoría- pecaban de ciertos sabores herbáceos entre pimiento verde y eucalipto porque los vinos no sobrepasaban los 12,5 grados antes que instalar sus reales el inefable Michel Rolland asesorando a un cierto número de bodegas y aconsejarles que dejaran más tiempo los racimos en las cepas y así crear el estereotipo del que erróneamente se llamaría el vino Parker. Vinos de 14 grados para arriba, oscuro, vigoroso, con expresión eso sí, muy distinto de aquellos más vegetales que conocí en 1983 pero que han envejecido mejor gracias a unos pH más bajos y que en los últimos años he tenido la ocasión de probar. Rolland fue contratado por H. William Harlan en 1989 pero también supo aprovechar el terruño “inclinado” de los viñedos de esta casa y dotarlo de complejidad evitando el mazo de hipermaduración.

Harlan Estate - Colinas, bosque y viñedo

Harlan Estate

Aunque los listados de Parker conceden puntuaciones demasiado generosas a esta bodega con bastantes cienes, no es menos cierto que, en palabras de Jancis Robinson, Harlan es una de las 10 mejores bodegas del siglo XX. Mis evaluaciones están más cerca de Jancis que las de Wine Advocate. Incluso Lisa Perrotti-Brown, sustituta del gurú en catar los vinos californianos desde 2015, es más dadivosa que su antecesor.

Los vinos presentados por la familia Harlan en el Casino de Madrid arrancaban desde la cosecha 1991 hasta la de 2014. He aquí mis apuntes de los ocho vinos seleccionados.

96 HARLAN 2001 TINTO (100 Parker, J. Robinson 18,5 equivalente a 96 puntos) 1.500 €

Cereza intenso. Excelente equilibrio entre los aromas primarios y terciarios muy bien fundidos como los grandes de Burdeos (Lafite). Boca sedoso, redondo, amplio y lleno.

95 HARLAN 2015 TINTO (100 Parker, 18,5 Robinson equivalente a 96) 1.500 €

Cereza intenso, aroma con elegantes matices especiados con ligerísimas notas de fina reducción, cremoso, efluvios balsámicos con recuerdo de sotobosque húmedo. Boca amplio, graso, redondo con leves toques tánicos.

93 HARLAN 2010 TINTO (98+ Parker, 17,5 Robinson equivalente a 93) 1.000 €

Cereza intenso. Aroma fenólico (tinta china, algarroba) con notas de fina reducción (cedro, cuero), algo frutal, sabroso, aunque con taninos ligeramente marcados.

92 HARLAN 2013 TINTO (100 Parker, 16,5 Robinson equivalentes a 91) 1.590 €

Cereza intenso, aroma más fresco y frutal que el 2015 pero menos ampuloso y expresivo, algo más bordelés.

92 HARLAN 2005 TINTO (98+ Parker, 18 Robinson equivalente a 95) 800 €

Cereza intenso con borde algo naranja, aroma con elegantes notas de reducción (cedro, cuero), fruta confitada, sabroso, redondo, taninos delicados.

91 THE MAIDEN 2014 TINTO (94 puntos Parker, 17 Robinson equivalente a 92,5) 480 €

Cereza oscuro. Aroma fruta negra madura, excelente equilibrio entre fruta y roble, cierta dulcedumbre con taninos ligeramente marcados. Es la segunda marca de la casa.

91 HARLAN 1994 TINTO (100 Parker, 18 J. Robinson equivalente a 95) 1.500 €

Me pareció algo cerrado, muy típico de cosechas tardías y pH bajo (tinta china, tierra húmeda), todavía sin desarrollar, finas notas de reducción, aunque con acidez marcada.

90 HARLAN 1991 TINTO (98 Parker, J. Robinson s/c)

Percibí menos expresión que los anteriores, incluso noté algún matiz pirazínico (pimiento verde), eucalipto y acidez algo marcada, toda una rareza después de casi 30 años. Sospecho alguna alteración de la botella servida, aun así, era elegante, muy bordelés, sabroso.

Conclusiones:   

Cuando los vinos envejecen los fenómenos reductores solapan los rasgos del terruño y la expresión frutal y por lo tanto resta algún punto. Lo más valioso es la exquisita sabrosidad y acariciante dulcedumbre de los tintos californianos que en los vinos de Harlan se aprecian notablemente.

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