Los señuelos en la promoción del vino

El vino español de prestigio vive agazapado entre pequeñas y notables iniciativas individuales. Todas ellas ensombrecidas por el resto del grueso exportador por la escasa confianza y seguridad en el producto recurriendo a la tarifa. A esta realidad se añade una larga historia de granel de más de 150 años cuyos precios a la baja fueron marcados por los compradores y no por los vendedores. Muchas bodegas lo achacan al pobre conocimiento del vino español de los importadores e incluso críticos foráneos y no es verdad. Están más al tanto de lo que nos creemos. Tanto es así, que las primeras llamadas a la bodega de la gran mayoría de los vinos, no solo los mejores sino también los más singulares y originales, fueron hechas por ellos.

Es cierto que se necesita proyectar señuelos que llamen la atención porque a los profesionales del comercio y críticos extranjeros no les gusta perder el tiempo. Por lo tanto, hay que tener imaginación y arrojo para crear señuelos que atraigan a los dos colectivos mas importantes para la difusión del vino nuestro.   

Cuando en 2005 presentamos en Londres la Guía Peñin en lengua inglesa, el gancho para asegurar la presencia de los principales críticos británicos fue montar una cata de las 10 uvas más importantes representadas por los 10 vinos españoles más puntuados en la Guía en el marco de la Feria Anual de los Vinos de España. El gancho estaba servido. Allí aparecieron periodistas tan reputados como Charles Metcalfe, Steve Spurrier, Jancis Robinson, John Radford o Tim Atkin e incluso el corresponsal en Londres de Televisión Española entre otros. Algunos de ellos llegaron a catar por vez primera la variedad mencía, bobal y la cariñena hispana. Fue un éxito total.

Rebuscando en la historia de iniciativas relumbrosas, rescato un artículo que escribí en Sibaritas en junio de 1996 sobre la sonada presentación -también en Londres- de la última hornada de aquellos años de la Bodega Marqués de Riscal. El gancho fue La Cata Histórica con los mejores vinos de la Casa desde 1871. ¿Quién se va a perder catar los vinos mas antiguos de España? He aquí la crónica.

Vinos del pasado - junio 1996

El Támesis desde los ventanales del victoriano Hotel Savoy y la creme de la crítica vinícola inglesa casi de rodillas, fueron testigos hace poco de una presentación poco corriente. Se trataba de despertar de su sueño centenario a un ramillete de los mejores vinos de época de Marqués de Riscal.

Paco Hurtado de Amézaga

Nunca una bodega española pudo reunir a lo más florido de la prensa especializada inglesa y llevar desde Cataluña a Ferrán Adriá y Julio Soler, o sea, al Bulli en pleno, para que sirvieran de adláteres de lujo a los vinos más antiguos de la Rioja catados en el extranjero.

Fue una degustación centenaria organizada por las Bodegas Marqués de Riscal. Todo un señuelo para el exigente panel de críticos británico, algunos de cuyos miembros van santificados con el título de Master of Wine. Vinos entre la cosecha 1871, en pleno fragor bélico franco-prusiano, y 1964, coincidiendo con el Nobel concedido a Luther King. Vinos que no se inmutaron después de superar el vaivén aéreo en su trayecto Madrid-Londres y llevados con cuidado durante el viaje y en posición vertical.

Bajo la batuta de Robert Joseph, director del Wine Challenger, el concurso de vinos más reputado del Reino Unido y editor de la revista Wine, se fueron desgranando las cosechas que marcaron época en la historia de Riscal: 1871, 1924, 1945, 1948, 1958 y 1964. Aseguró, de acuerdo con Tim Atkin del The Observer, que fue la mejor degustación de vinos españoles hecha en Inglaterra.  Deslumbró a la famosa escritora de libros de vinos y columnista de Financial Times, Jancis Robinson cuando dijo que en su larga vida enológica no recordaba que una bodega con prestigio se hubiera arriesgado a realizar una cata con vinos antiguos fuera de casa. Ramón Pajares estaba fascinado; el director del prestigioso grupo hotelero Savoy nunca vio nada igual en la historia de este hotel.

Nuestro colaborador Víctor de la Serna, conocedor de las antigüedades riscalenses, respondía a las dudas enológicas ibéricas de Jancis, mientras que Steven Spurrier de Decanter, que ya conocía la experiencia en bodega, aún tuvo un momento de emoción para describir nuevas sensaciones en su cuaderno de cata. El inmutable Edmund Penning-Rowsell, el casi mítico y patriarca de los periodistas vinícolas ingleses, repetía y comparaba cada cosecha sumergido en un mar de sensaciones. Bolígrafo en ristre Charles Metcalfe, el columnista más aguerrido de Wine, estaba de acuerdo con Jancis en la complejidad de las añadas del 24, 48, 45 y, sobre todo, la del 64. Para asombro, el de Pat Straker de The Harpper’s, que recibía la noticia de que Riscal era la bodega riojana que más reserva y gran reserva vende del mundo, sobrepasando los tres millones de botellas. Completaron la mesa Auberon Waugh de The Spectator y John Radford, este último prometiendo a partir de hoy ser más devoto con los vinos españoles. También estaban algunos compatriotas de lujo como el embajador español Alberto Aza Arias, el exministro Julián García Valverde y nuestra promotora de la cocina española en la televisión británica, María José Sevilla, que no se quisieron perder el sabor épico del botellero de Riscal.

Las reliquias

Armado con unas tenazas incandescentes, Francisco Hurtado de Amézaga, y con la mirada expectante e inquieta de Luis Miguel Beneyto, máximo responsable de Riscal, fue descabezando las viejas botellas para evitar el lastimero descorche de unos tapones moribundos por el tiempo. 

La botella del año 1871 exhibía un rubí teja, naturalmente, con un matiz anaranjado y no ocre, prueba de su vitalidad. El aroma recordaba al cuero viejo y madera antigua. Al paladar aparecía amplio, con una acidez armonizada con el alcohol y con ese atisbo de “oportización” (rasgos pseudodulzones debido a la concentración por vejez) característico de las reliquias vínicas y una graduación de 11º disminuida por los años. La de 1924 desprendía un aroma mineral, aunque algo más plano en boca. 1945 mostraba un aroma y sabor complejísimo como a compota, cuero, café y avellana. El más "joven", 1964, estaba pleno, todavía con recuerdos frutosos y algún pétalo floral, elegante, aterciopelado con un conjunto de matices que hacía presumir un origen exótico y no riojano.

Al final el delirio, con la cocina iconoclasta de El Bulli a la que acompañaba los vinos de ahora: Riscal del 91, Barón de Chirel 88 y las últimas cosechas del Rueda Superior y Rueda sauvignon. 

comments powered by Disqus