Retratos: Carlos Águila

Poca gente está al tanto de que Carlos Águila cuenta en Twitter con el mayor número de seguidores del vino de este país sin contar a Josep “Pitu” Roca. El apellido Águila obviamente no se lo puso él, pero su ojo panorámico es de un águila que vuela muy alto oteando todo lo que se asoma en el campo audiovisual vitivinícola del planeta, recogiendo para sus seguidores los videos más brillantes gracias a su olfato didáctico. Conoce como pocos todas las técnicas de optimización de redes sociales, editando imágenes en movimiento de todas las secuencias del vino desde la cepa hasta la botella.

Esa gran capacitación en la comunicación audiovisual con la utilización inteligente de sus herramientas, también la ofrece a las bodegas a través de Guardian of Wine. Una empresa de servicios audiovisuales con una grafía muy imaginativa a partir de Google Maps con tecnología 3D y la utilización de drones, huyendo de las imágenes sobadas como los depósitos de acero inoxidable y barricas con voz en off. Trabaja con una reproducción infográfica de los suelos, climas y orografía. Un ejemplo es el video en 3D que vendió a Corpinnat. Sin embargo, su cuenta en Twitter @carlos7alella no parece tener una trastienda comercial, al menos yo no lo percibo. Da la sensación de que su pasión divulgativa (32.600 seguidores) le puede más que su función empresarial en @GuardianofWine (850 seguidores).

Todos los días, nada más ponerse en pie se sienta delante de la pantalla tecleando en su perfil de Twitter un saludo a sus seguidores a través de un clip con una pequeña elegía a la vida o el andar ingenuo de un niño en la viña o mirando el trasiego del vino con esa trasparente curiosidad infantil. Ahí no acaba su mensaje diario; más tarde van apareciendo en su perfil distintas secuencias con vídeos recogidos de los lugares más insólitos de la web mundial y de producción propia. A la especie humana las tentaciones le vienen de arriba y de abajo. A Carlos le vienen de frente, del horizonte, del paisaje vegetal de zarzales, maleza y árboles que se intercalan en las viñas de los hombres que la trabajan.

“Me fijé que la mayoría de las bodegas son microcosmos que nada tienen que ver con el exterior. Vender vino sin saber el conocimiento del consumidor por esa marca, por esa bodega o por esa familia que elabora el vino es algo que está muy generalizado en el sector. El fin es vender botellas sin transmitir mensajes que tengan que ver con el paisaje donde nace el vino y con la familia, que es la que lo elabora. Es abrir la ventana a la viña y al hombre. Unos años más tarde me di cuenta de que las redes sociales eran la fórmula perfecta y barata para el conocimiento por parte del consumidor de la gente del vino”.

Águila es un convencido de que la parte gráfica impacta más. Nunca como en los últimos tiempos la frase hecha “una imagen vale más que mil palabras” tiene mayor protagonismo. Pero también el consumidor es más exigente en la calidad de la imagen con menos texto para que distraiga menos y permita la recreación en la propia imagen.

En su compostura existen los dos retratos que se superponen: los orígenes campesinos -que quien más quien menos tenemos todos-, y el márquetin visual de transformar el vino en un mensaje global y vanguardista. “Soy nieto de viticultor por parte de abuela en la zona de Montilla-Moriles. Mis conocimientos iniciáticos del vino comenzaron como un simple observador de cómo podaba la viña mi abuelo. Conozco todas las prácticas de la poda, injertar, conducir los sarmientos y todo lo relacionado con el campo vitícola. Hace 13 años me quedé viudo porque mi mujer se murió en el parto de nuestros gemelos y, desde ese momento, tuve que ejercer el papel de madre y de padre. A partir de esa raíz familiar con el vino, me di cuenta de lo importante que es tener la perspectiva del conocimiento de lo primario en el vino, en este caso, desde la viña”.

En lo referente al acercamiento del vino a los jóvenes señala: “Yo creo que el teléfono móvil como instrumento ha permitido un acercamiento de los jóvenes a esta cultura y yo estoy en esta herramienta. He ideado una aplicación donde los lectores puede elaborar un vino a través del sistema de cómics que puedan ser divertidos, pero a la vez instructivos. Asimismo, me gusta manejar la imagen limpia, nítida e incluso mejor que 'al natural' del mensaje audiovisual y que sirviera para introducirse como profesional al emprendimiento vitivinícola. También le abriría un campo fantástico para vender vinos por la intermediación informática. Me apetece contar historias que ilustren la visualización en la que nosotros somos más expertos. Si, por ejemplo, yo vendiera un mueble me gustaría contar que la madera procede de unos bosques determinados y que fueron aserrados de una forma, calculando los nudos y, en general, todo lo que se relaciona con el producto natural. Así veo este negocio del vino en un tiempo en que el hombre ocupa más horas delante de la pantalla que en la lectura”.

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