Blog de José Peñín

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Bajo este título de sobresalto hace unas semanas se celebró una mesa redonda sobre qué hacer para recuperar el consumo de vino en España. En general no suelo acudir a manifestaciones de este género porque sé de lo que se va a hablar después de tantos años con la misma cantinela. En esta fue menos de lo que esperaba si nos atenemos al nombre.

El próximo Salón de los Mejores Vinos de España de la Guía Peñin se viste de largo. No es una edición más de las 18 contabilizadas hasta la fecha, sino una magna exposición y cata de los mejores vinos de España. La Historia de este Salón Guía Peñín camina en paralelo a la evolución del vino español y en consecuencia con la evolución de la Guía.

Hace 11 años dije que la globalización y el comunismo tienen algo en común. El primero es, desde arriba, la generalización capitalista del mercado y consumo. El segundo, desde abajo, la generalización y colectivización de los medios de producción.

El próximo día 25 de septiembre, organizado por la cadena de supermercados Lidl, se celebrará un debate sobre qué armas utilizar para la recuperación del consumo del vino en España. Una loable iniciativa que temo abordará el trillado asunto del bajo consumo del vino en nuestro país a través de la búsqueda de una solución que no existe porque -me he cansado de repetirlo- estamos en un cambio de ciclo.

El vino de Colares y yo nos encontramos por vez primera el 23 de febrero de 1981. El intento golpista me pilló en Barcelona durante el cierre del número 5 de la revista Bouquet. Tenía la intención de volver a Madrid esa noche, pero el aeropuerto del Prat estaba cerrado.

Con esta tercera entrega termino la ronda de tópicos del vino hasta que algún lector o nuestra memoria afloren algún otro tópico más.

No podía imaginarme hace 25 años cuando el roble nuevo iniciaba su apogeo, que hoy volviéramos a los tiempos vencidos cuando la barrica vieja, oscurecida por las tinieblas de la bodega, polvo y telarañas, era de uso común. Es cierto que las telarañas y el polvo han pasado a mejor vida y el roble usado, que no viejo, hoy se convierte casi en la joya de la corona. La nueva generación de jóvenes enólogos ha comprendido que el vino debe saber a vino y que la barrica debe proporcionar valores excepto su sabor.

Desde hace siete años se está produciendo un repunte de los vinos clásicos, de largas crianzas en madera, la mayoría bajo el reglamentario “Gran Reserva”. Alguien pensará que son los dientes de sierra de las modas: ahora toca hablar de Tondonia, Rioja Alta o Murrieta cuando veinte años atrás nadie se acordaba de estas marcas. Pues no. La razón principal es que estos vinos hoy son mejores, ya que se aplica un mayor rigor en la conservación de las barricas, cuando antes era normal que estos vinos se “olvidaran” en los viejos toneles con algunas duelas en mal estado, que dejaban rezumar el goteo negruzco de un vino alquitranado.

En esta segunda entrega continuamos con los tópicos que aquejan al vino español. Si alguno de mis lectores pudiera refrescar mi memoria con otros tópicos será bienvenido.

El vino español no ha tenido, incluso hoy no tiene quien le lea. En nuestra historia de la taberna y de la mesa familiar, el vino se instaló en nuestra rutina del beber, pero hemos sido incapaces de llevarlo a nuestra “retina” del leer. Una cosa marcó la otra. Hoy con las prisas, aunque nos lleven a beber mejor, apenas dedicamos unos minutos más allá de la puntuación, a conocer quién está detrás de cada botella, sus autores, su tierra, su viña…